NUEVA YORK (Navidad, 2017)

Aunque este año ya nos habíamos hecho a la idea de que no íbamos a encontrar viaje para Navidad, al final, hemos podido coger "in extremis" unos billetes con Air Europa para Nueva York, más caros que a precio normal pero nada descabellado (como lo que veníamos viendo días atrás que sobrepasaba con creces los 1000€ en vuelos directos) ya que en total han sido 800€ que está bastante bien dadas fechas, que es directo y tiene un horario genial (salida de Barajas a las 15:20 y llegada al JFK a las 18:05; la vuelta, salida del JFK a las 22:05 y llegada a Madrid sobre las 11:20) 
En fin, que de manera un poco precipitada hemos organizado el viaje en dos días. 


Hemos cogido un hotel (apartotel, realmente, ya que hay cocinita americana en las habitaciones) con desayuno incluido, Staybridge Suites Times Square que tenía unas críticas buenísimas en Tripadvisor, muy cerca de Times Sq. y justo al lado de la estación de autobuses de Port Authority; hemos reservado también por internet billetes de ida y vuelta para el shuttle del aeropuerto que tiene paradas en las 4 estaciones principales de la ciudad. (Ver crítica del hotel en TrpAdvisor: https://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g60763-d1465162-r553810392-Staybridge_Suites_Times_Square_New_York_City-New_York_City_New_York.html#CHECK_RATES_CONT) El precio está muy bien y al hacerlo por internet se ahorran unos euros; además, si se baja la aplicación (NYC Airporter.com) y se hace a través de ella se aplica otro descuento más, así que nos ha salido a unos 10€/persona cada trayecto (merece la pena pues la otra forma económica de llegar a Manhattan es coger el tren (5€) hasta el metro y ahí tomarlo (2,5€) hacia el centro). Además el bus es directo, tiene parada en las 4 terminales del JFK y pasa cada media hora.
Bueno, pues si nos sale todo bien, tenemos todo resuelto. Incluso hemos sacado ya entradas para el famoso espectáculo navideño de las Roquettes en el Radio City Music Hall para el día de año nuevo.

Jueves, 28 de diciembre

Salimos por la tarde hacia Madrid para dormir y dejar el coche en el SHS Aeropuerto, como siempre.
Llegamos bien aunque el viaje se hace largo porque hace un tiempo horrible, con mucho viento, lluvia... Aparcamos, cenamos, vemos la tv un poco y nos acostamos. Mañana tenemos incluido el desayuno y reservado el traslado al aeropuerto a las 12:00.

Viernes, 29 de diciembre

Tras el desayuno nos enteramos de la noticia de que han detenido al sospechoso de la desaparaición de Diana Kerr por un nuevo intento nuevo de secuestro de otra joven que lo ha denunciado y dado datos del coche y la matrícula. 
Llegamos a la T1 en unos minutos y con tiempo de sobra ya que, dadas las fechas, esperábamos caos y multitudes; pero sorprendentemente el aeropuerto está extremadamente bien organizado y todos los trámites son realizados con diligencia. 
Pero el avión sale con casi una hora de retraso aunque aterrizamos en el JFK solo 20 minutos más tarde de la hora prevista. Las maletas tardan una eternidad en salir y el autobús, siendo la opción más cómoda, ha resultado ser la más lenta, especialmente en hora punta. Tardamos en llegar al hotel 2 horas; es tarde y estamos cansados y con jet lag, así que bajamos a dar una vuelta por los alrededores, nos comemos una hamburguesa en Mc. Donalds y nos acostamos.

Sábado, 30 de diciembre

Tras el desayuno nos lanzamos a la calle, pese al nevazo que está cayendo. Nuestro hotel está en la calle 40, a dos pasos de Times Square que es lo primero que visitamos y donde sacamos una metrocard para 7 días que sale muy a cuenta y sirve para metro y buses. 
Dedicamos la mañana a pasear por los lugares más emblemáticos como Times Sq., la 5ª Avenida, Rockefeler Plaza con su árbol y su pista de patinaje, La Public Library, la decoración navideña de las tiendas más conocidas como los almacenes Sacks de la 5ª o la iglesia de San Patrick. 





Desde ahí nos vamos en metro a la calle Cornelia con Bleecker, a comer a un local que nos encanta: El Pearl Oyster, que aunque ha subido bastante los precios sigue tan encantador como siempre y su sopa de almejas de Nueva Inglaterra sigue siendo exquisita:
-New England Clam Clowder with snoked bacon...$10
-Prince Edward Island mussels with wine, mustard cream...$16
-Copa de Rioja (o cualquier tinto)...$11
-Cerveza...$8
Terminada la comida nos acercamos a una cafetería-pastelería cercana y muy conocido en la ciudad, Rocco's, a tomar un café. Estaba hasta la bandera.
Volvemos al hotel a descansar un rato y entar en calor y pasamo el resto de la noche paseando por Bryant Park, su pista de patinaje y los muchos puestecitos del mercadillo de Navidad que se instalan en él.
Nos hacemos una foto delante de la fuente que está completamente congelada, incluso ha salido la noticia y la foto en el periódico. De hecho dicen que es la mayor ola de frío de los últimos 100 años.


De vuelta nos metemos a tomar un chocolate caliente en un Starbucks

Domingo, 31 de diciembre

Hoy toca subir a Harlem para participar en una misa gospell (uno de los imprescindibles de este viaje ya que nos gustó la experiencia que disfrutamos en un viaje anterior)
Nos encanta este barrio; tiene el encanto del Nueva York original. Y asistir a una misa gospel es una experiencia que nadie que venga a la ciudad debería perderse. Hemos seguido indicaciones de otros viajeros en algunas webs y nos hemos acercado a la Antioch Baptist Church, en la calle 125, nº 515 W. No nos ha gustado mucho, de hecho, nos hemos salido antes de terminar. El servicio ha sido un poco pesado y no había coro sino unos cuantos jóvenes de la comunidad que animaban la ceremonia. Los cánticos, regulares. Nos gustó muchísimo más la que vimos en otra ocasión en Bethel Gospel Assambly (26E de la calle 120) y, además, la parte del barrio en la que se ubica es preciosa, toda con las típicas casas neoyorkinas.
Huyendo del tedioso servicio, deambulamos un poco por la calle 125, el corazón de Harlem, y pasamos por donde se encuentra el famoso teatro Apollo, el primero que se abrió en la ciudad para negros. Como está abierto, pasamos a echar un vistazo.


Buscamos para comer un local que nos recomendaron unas amigas de NY, al parecer bastante famoso, llamado Red Rooster (125 con Lenox) que está hasta los topes y con colas fuera para coger mesa; el sitio es chulo pero no queremos esperar y vamos al de al lado, Chef no sé qué, pero también hay media hora de espera. Continuamaos paseando por la zona buscando un lugar para comer y damos con Olive Garden, Italian Kitchen, un descubrimiento altamente recomendable, de hecho, es enorme y estaba a rebosar de gente del barrio (125 con Lenox, en la primera planta del edificio Burlington, que es un centro comercial) Es un local muy grande pero muy acogedor, con luz y música suave, sillas y sofás cómodos, manteles y servilletas de tela y con cubiertos limpios para cada plato. Una pasada!! El servicio, impecable con un trato exquisito, y la carta también en español. Una extensa carta de vinos. No es una pizzería ni mucho menos; se trata de un local de comida italiana de todas las zonas. En cada mesa hay una pequeña tablet para ver la carta, llamar a la camarera...
Ofrecen un menú de sopa Toscana, ensalada y pan a $9 que está genial y se puede repetir las veces que se quiera. 


Estaba todo lo que comimos riquísimo. Al terminar, pedimos dos expresos que tardaron mucho en servirnos; cuando los trajo la camarera nos dijo que había hablado con su jefe y que por haber tardado nos pedía disculpas, no nos cobraba los cafés y nos invitaba a un postre: nos presentaron un tiramisú casero gigante para los dos que estaba de muerte. Y no nos salió nada caro incluyendo el 20% de propina que le dimos a la camarera que era un encanto (había estudiado en su colegio español e intentó hablar nuestra lengua todo el tiempo, además)
Desde allí cogimos el metro y fuimos al hotel para ver la información que habíamos visto por casualidad en internet de un concierto gratis de Nochevieja con velas, y que resultó ser en la catedral de San Juan, El Divino, al lado de la Universidad de Columbia. 
Se trata de un concierto-recital lírico que inició Leonard Bernstein y que se ha convertido en una tradición: El Concierto por la Paz se llama. En un principio, la gente llevaba sus propias velas pero ahora en cada silla dejan un programa y una vela para los asistentes.



El programa ha sido regularcito, un poco aburrido; pero el ambiente, muy bueno. Como habíamos leído en la web que había que llegar con antelación para coger sitio, ya que es gratis, estábamos en la puerta a las 16:30, pero no abrían hasta las 17:00 así que nos fuimos a tomar un chocolate a una cafetería vintage que había cerca, The Pastry Hungarian Shop, que estaba hasta la bandera. Es muy acogedora y la pastelería, de escándalo, pero el chocolate era agua con cacao.
A las 17:30 accedemos a la catedral y nos colocamos en un buen sitio teniendo en cuenta que la mitad de delante está reservada para los que lleven invitación y la de atrás es gratis.
Realmente fue una pseudomisa ya que hubo sermón, nos dimos la paz, pasaron el cestillo, etc. Lo mejor fue el final cuando todo el mundo encendió las velas y cantaron juntos una canciónde por la paz paz que, al parecer, todos conocían.
Terminado el concierto y con un frío de muerte cogemos el metro de vuelta. Paseamos un poco por la zona de los aledaños de Times Square y vemos que tanto la plaza como todos los alrededeores están vallados y tomados por la policía; incluso en las estaciones de metro están vigiladas por bastantes polis con metralletas. 


Incluso hemos oído en las noticias que hay apostados francotiradores en todas las zonas posibles de Times Sq. y está absolutamente controlado quién entra y sale de la plaza.
Al llegar al hotel, un guardia de seguridad nos pide en la entrada los nombres y nº de la habitación para poder entrar ya que al estar tan cerca de Times Sq. el control se ha extendido a todos los edificios de la zona.
Mañana veremos la fiesta; por hoy, ya está bien.

Lunes, 1 de enero del 2018

Ya hemos pasado del 7 al 8. Creo que el 8 es el número que se considera de buena suerte en China.
Al salir a la calle nos llama la atención que no parece que anoche pasara nada en la zona. Es sorprendente que con la que se montó anoche aquí, no quede ni rastro.
Para hoy habíamos planeado ir al puente de Brooklyn, pero hace tantísimo frío que no lo vamos a recorrer sino que daremos una vuelta por el Promenade, un paseo muy agradable en verano desde el que hay unas vistas fabulosas del puente de Brooklyn y los rascacielos de la gran manzana, haremos unas fotos y ya está.
La llegada hasta Brookyn se complica un poco pues el metro que llega justo hasta el Promende (línea 3, en la que íbamos) está cortado por obras y nos hacen bajar y buscar alternativa; lo mejor es tomar otra línea a Union Square y allí coger alguno de los que bajan a Brooklyn. Eso hacemos, pero salimos a dar una vuelta por Union Sq. que es una de nuestras zonas preferidas de la ciudad, pese a que con las gélidas temperaturas que está haciendo, se ve bastante desangelada.
Volvemos al metro y ahora sí, llegamos a Brooklyn (estación de Borough Hall) pero aún tenemos que andar un rato para llegar al río. Pasamos por la famosísima pizzería Grimaldi (y ha había cola esperando hasta las 14:00 que abren y para lo que falta más de una hora) donde queremos venir algún día a comer y llegamos al promenade. Hay algunos turistas haciendo fotos y al borde de la congelación, como nosostros. Tomamos unas instantánes y damos unas vueltas apreciando las hermosas vistas del puente con los rascacielos al fondo para después, a paso rápido, iniciar la vuelta. 


Por el camino intentamos coger sitio para picar algo en algunos de los locales que encontramos hasta la estación, pero todo el mundo ha pensado lo mismo y todos están a rebosar y con colas en la puerta. Como no vamos a hacer en Nueva York cola en la calle a -12°C, cogemos el metro y volviendo al hotel nos topamos con un Mc. Donalds -¿qué sería de los sufridos turistas sin Mc. Donalds?- y allí comemos.
Desacansamos un rato y a las 15:30 salimos hacia The Radio City Music Hall, donde tenemos entradas para el famoso espectáculo navideño de las Roquettes.
El Radio City Music Hall es un enorme teatro ubicado en el Rockefeller Center; es considerado el más importante del país y recibe el apodo de "Showplace of the Nation". Fue inaugurado el 27 de diciembre de 1932 y, durante un tiempo, fue considerado como el primer destino turístico de la ciudad de Nueva York. 
Con sus 5.931 asientos da cabida a casi 6000 espectadores. Fue diseñado por Edward Durell Stone en estilo art decó. En el interior, los arcos del proscenio unen el gran auditorio, lo que le aporta una sensación tanto de intimidad como de grandeza. La decoración interior fue creada por el diseñador Donald Deskey. Los diseños geométricos de art decó incorporan vidrio, aluminio, cromo y cuero en los adornos para los revestimientos de pared, alfombras, lámparas, y muebles del teatro. La verdad es que es un espacio impresionante.


En Navidad se representa desde 1933 el "Radio City Christmas Spectacular", un espectáculo musical que incluye además números en realidad 3D (para lo que entregan unas gafas al entrar) y otros increíbles con proyecciones por paredes y techos. El espectáculo está protagonizado por The Rockettes, una reconocida compañía de baile de precisión, fundada en 1925.
Nos ha encantado y es algo que merece mucho la pena.




La función ha durado 90 minutos y al salir hemos dedicado el resto de la tarde a pasear por la zona de Fifth Avenue y a ver la decoración navideña especialmente de los almacenes Saks en cuya fachada se proyecta un enorme castillo de cuento con luces y música, y todos los escaparates recrean fragmentos de cuentos infantiles con muñecos articulados. Como Cortilandia, vamos. Damos unas vueltas también por la plaza Rockefeller y la pista de patinaje para ver el ambiente y luego paseamos un rato por la 5ª Avenida que está a rebosar de gente entre turistas y neoyorkinos.
De vuelta al hotel pasamos de nuevo por Bryan Park y por el mercadillo que se ve adornado con el Empire State al fondo, iluminado en rojo y verde como un árbol de Navidad; nos encanta esta zona.

Hacemos una parada en The Whole Food, una cadena de supermercados muy estilosos y ecológicos donde puedes, además de comprar comida de todo tipo, tomarla allí mismo. Compramos una sopa y pizza y cenamos. Es una buena opción y no muy cara.

Martes, 2 de enero

Hoy ha amanecido el día con un sol radiante y un frío pelón. Después del desayuno cogemos el metro hasta Battery Park para tomar el ferry gratuito a Staten Island que pasa justo al lado de la estatua de la Libertad y es una buenísima opción para verla, sacar unas fotos y pasear en barco sin gastar nada. No en vano este ferry transporta 22 millones de pasajeros al año.


Si se hace este recorrido en verano, se puede dar un paseo por la zona de Staten Island, pero en invierno y con un frío espantoso nosotros hemos bajado del ferry y, sin salir de la terminal, subido al de vuelta.
De nuevo en Manhattan hemos dado un paseo por Wall Street y el distrito financiero que está al lado y después hemos cogido el metro con la idea de subir a las 15:30 (para ver la puesta de sol) al Top on the Rock, pero había una cola enorme y para hoy solo quedaban tickets a partir de las 18:00 así que hemos sacado entradas para mañana que al parecer también será un día claro y soleado y habrá buenas vistas desde lo alto del edificio. El precio por subir a contemplar los rascacielos desde uno de ellos es un poco cara: $32


Entre unas cosas y otras -especialmente el tiempo que hemos estado haciendo cola- se ha hecho la hora de comer y nos ha costado encontrar un sitio ya que estaba todo hasta los topes. Finalmente, hemos comido estupendamente en un restaurante dentro del Rockefeller Center, al lado de la pista de hielo, Cucine & Co.: yo, sopa de almejas de Nueva Inglaterra y Domingo, ensalada César.
Al terminar hemos dado un paseo por la zona ya que de día no habíamos venido todavía y hemos visto que ya estaban quietando todos los adornos navideños, incluidos los de Sacks -¡menos mal que vinimos anoche a verlos!-
Hace mucho frío y cada vez baja la temperatura más así que decidimos ir al mercado de Chelsea que está a cubierto. El mercado se encuentra en la 9th Avenue con la 15th street y está ubicado en una antigua fábrica de Nabisco, en concreto en esta fábrica fue donde se inventaron sus famosas Oreos. En un increíble ejercicio de rehabilitación, la antigua fábrica se ha convertido en un precioso edificio de oficinas, y en las plantas más bajas se sitúa el mercado donde se puede comprar todo tipo de cosas y parar a comer o cenar. 


Es muy recomendable darse una vuelta por el complejo admirando ciertos detalles que han dejado de la antigua fábrica y aprovechar para comprar algo o comer. Hay una enorme variedad de locales con comida (todo delicatessen) de todo tipo. Nos tomamos un café y unas cookies con trocitos de chocolate. Recorremos las galerías y tiendas de este original mercado, especialmente Antropology que es una de mis tiendas preferidas de moda, y nos compramos para rematar la visita un halva de nueces (Sweet pecans) en un puesto llamado Seed+Mill que ofrece todas las variedades imaginables de este dulce. El halva es un dulce típico de Oriente Medio basado en una pasta de sémola con otros ingredientes; se parece mucho a nuestro turrón.
Con fuerzas recobradas y habiendo entrado en callor nos vamos en metro a ver el edificio Flatiron y desde ahí continuamos paseando por Broodway hasta nuestro hotel. 

Cuando pasamos por Union Square nos llevamos una gran desilusión: han cerrado el Republic, un local de comida asiática que nos encantaba y que llevaba abierto 20 años; pensábamos comer en él uno de estos días y nos hemos quedado de piedra cuando hemos visto el cartel que anunciaba el cierre y daba las gracias a los clientes por su fidelidad (que no ha debido de ser tan de agradecer cuando han tenido que cerrar. ¡Qué pena!
Tanto la avenida de Broodway como las tiendas que la flanquean están animadísimas a esa hora y entramos en varias de ellas que venden cosas curiosas y originales para echar un vistazo. En una  vendían rollos de papel higiénico con la cara de Trump como dibujo. 😄😄😄
Al llegar al hotel  decidimos descansar un rato y más tarde bajamos a tomar algo a un local de los alrededores. Nueva York, la ciudad que nunca duerme, está además siempre comiendo. Hay millones de locales de comida que están abiertos casi las 24 horas, y siempre con clientes. Cenamos en uno de ellos.

Miércoles, 3 de enero

Hoy por la mañana visitamos el MoMA, Museum of Modern Art, que aunque ya conocemos nos apetecía volver a visitar.  Pasamos la mañana recorriendo sus cinco plantas repletas de obras impresionantes. Este museo fue fundado por las filántropas estadounidenses Lillie P. Bliss, Mary Quinn Sullivan y Abby Aldrich Rockefeller, esposa de John D. Rockefeller Jr., para «ayudar a la gente a entender, utilizar y disfrutar de las artes visuales de nuestro tiempo» y abrió sus puertas al público el 7 de noviembre de 1929.


Es considerado uno de los santuarios del arte moderno y contemporáneo del mundo, constituyendo, a juicio de muchos, una de las mejores colecciones de obras maestras. En su interior, el MoMA alberga obras maestras de la pintura como Noche estrellada de Van Gogh, Broadway Boogie Wogie de Piet Mondrian, Las señoritas de Avignon de Picasso, La persistencia de la memoria de Salvador Dalí y obras de artistas norteamericanos de primera fila como Jackson Pollock, Andy Warhol y Edward Hopper. También está Rousseau, que me encanta.


De las primeras vanguardias del siglo XX, el MoMA conserva obras clave de Pablo Picasso, Marc Chagall, Kandinsky, Mondrian, Henri Matisse, etc. Tiene un Jardín de Esculturas con obras Auguste Rodin, Alexander Calder, Louise Nevelson, Pablo Serrano y Aristide Maillol, además de una sala de cine. El MoMA posee además importantes colecciones de diseño gráfico, diseño industrial, fotografía, arquitectura, cine e impresos.


Al salir, comemos en Barilla, un restaurante que ofrece especialidades de pasta de esta conocida marca y que está cerca del edificio Rockefeller donde tenemos entrada a las 15:10. 
Llegamos al Rock con bastante antelación pensando que habría muchísima cola, y la había, pero estaba perfectamente organizado el acceso y hemos entrado en punto, aunque hemos tardado en llegar arriba más de media hora. Pero una vez allí merece la pena muchísimo pagar 32€ por la experiencia de contemplar una de las vistas más espectaculares de la Gran Manzana. 


Las vistas son mejores que las que se ven desde el Empire State; si hubiera que elegir entre los dos, son duda hay que elegir el Top on Rock. Si se sube en invierno, hay que coger la visita entre las 15:00 y 15:30 que es la mejor hora para ver atardecer desde las alturas. 


En nuestro caso, ha sido perfecto y, además, nos hemos esperado arriba hasta que se ha hecho de noche y se han encendido las luces en todos los rascacielos. Impresionante. Lástima no haber llevado la cámara de fotos porque con el móvil, siendo bonitas, no son tan espectaculares.



Al bajar nos hemos tomado un chocolate caliente y después hemos cogido el metro para ir a China Town y Little Italy, lls dos barrios que quedan a un lado y otro de Canal St. Recorremos sus calles que están muy animadas a esas horas (como todo en NY a cualquier hora), en el caso de Little Italy con muchísimos restaurantes y en el de China Town con todas las tiendas,  y volvemos a Times Sq. donde compramos unas sopas en un deli para cenar en el hotel.
Al llegar a la habitación encontramos una carta que nos han echado por debajo de la puerta en la que nos dice la dirección que hay aviso de tormenta ártica -hablan de ciclogénesis explosiva- por parte de las autoridades y que es posible que parte del personal no pueda venir y que no se puedan arreglar las habitaciones. 
Ponemos un poco la tv para ver las noticias y no hacen nada más que avisar de la enorme tormenta que se prevé y del estado de emergencia que probablemente se vivirá mañana en NY. El alcalde acaba de decretar el cierre de todos los colegios. Hay avisos constantes a la población de que no salga mañana a la calle y no conduzca si no es estrictamente necesario.

Jueves, 4 de enero

Ya ha llegado el ciclón invernal. Nos levantamos y fuera hay una tormenta espectacular con mucha nieve y vientos huracanados. La ciudad está prácticamente paralizada y el barrio de Brooklyn ha sufrido un corte de energía. Da miedo. Hemos desayunado con la idea de salir después a ver qué tal está Times Square con la nieve, pero hay un viento tan fuerte y nieva tanto que hemos desistido y nos quedamos en el hotel viendo la tormenta desde la ventana de la habitación. Prácticamente todos los vuelos en los tres aeropuertos de NY han sido cancelados. Tenemos la tv puesta y seguimos las noticias para ver cómo va la cosa; están llamando a esta tormenta "bomba meteorológica".
Pasamos la mayor parte de la mañana siguiendo las noticias en la tv. 

Sobre las 13:00 nos decidimos a salir a dar una vuelta luchando contra los elementos. Andar por la calle era muy, muy complicado porque el viento era tremendo y no paraba de nevar. El ciclón invernal ha atacado con fuerza.


El centro de la ciudad estaba prácticamente intransitable pero, aun así, la gente se había lanzado a la calle y había menos coches, pero no estaba desierta.
Las máquinas quitanieves de todo tipo se movían frenéticamente por aceras y carreteras, y cientos de operarios con palas retiraban como podía la nieve que se acumulaba con rapidez y que había alcanzado en poco tiempo el medio metro.



El frío no era muy intenso, pero lo desagradable de la nieve que con el viento parecía agujas clavándose en la cara hacía crecer las ganas de ponerse a cubierto. Entramos en la estación de Port Authority para dar una vuelta por las tiendas esperando que amainara un poco el temporal, y comprobar dónde se sitúa la parada del bus que tenemos que tomar pasadomañana para ir al aeropuerto. 
Salimos de nuevo a la intemperie pero sigue siendo un horror así que nos instalamos en una mesita de una cafetería cercana a tomar un café. Y como sigue el nevazo, nos vemos obligados a ponernos a cubierto, así que compramos algo de comida en un deli y nos subimos a la habitación. 
Para mañana avisan de temperaturas horriblemente bajas, como unos -20°C.
A lo largo de la tarde, la nieve deja de caer pero el viento no, de soplar. Sobre las 20:30 nos atrevemos a salir a la calle y la sorpresa es enorme ya que la ciudad ha recuperado casi la normalidad, al menos en nuestra zona que son los aledaños de Times Sq. 


Aún queda bastante nieve, pero las aceras están casi limpias y el tráfico se ha restablecido. Hay mucha gente por la calle paseando y haciendo fotos pese a que el frío es muy intenso. 


Al parecer, hay otros barrios de NY y otras muchas zonas del estado que aún tienen bastantes problemas. 


Paseamos un rato por los alrededores y acabamos cenando en el Mc. Donalds de Times Sq. Al borde de la congelación volvemos al hotel.

Viernes, 5 de enero

Después de la tormenta llega la calma. Salimos a la calle después del desayuno y hace un frío espantoso.
Hemos pensado ir a la zona de Williamsburg para ver la parte norte que es el barrio moderno y alternativo y la zona sur que es el barrio de los judíos ortodoxos. 


La zona al norte del puente de barrio de Williamsburg  es como una ciudad universitaria pero sin campus ni facultades. Actualmente es el imán bohemio de Nueva York, atrayendo a jóvenes artistas, músicos, escritores y diseñadores gráficos. En otros tiempos, fue una zona obrera colonizada por inmigrantes latinoamericanos, pero ha cambiado de ambiente y se ha poblado de restaurantes cool. La mayor parte del barrio se extiende a lo largo del East River, al norte del Williamsburg Bridge. Según algunas webs de viajeros en internet, la avenida principal es Bedford Ave, repleta de cafeterías, tiendas y restaurantes, sobre todo entre N 10th St y Metropolitan Ave., pero nosotros hemos recorrido casi toda ella y estaba desértica; de hecho, no hemos encontrado ni un sitio para tomar café hasta llegar casi Prospect Park, que encontramos un dinner de hispanos abierto, el Neptuno Dinner.
La verdad es que tampoco hemos llegado al barrio judío, solo lo hemos pasado de refilón, porque nos pasamos la zona, alrededor de la avenida Lee, y hacía demasiado frío como para volver; solo nos apetecía coger el metro y regresar a Manhattan donde al menos correría menos aire.
Por Brooklyn aún quedan muchos restos de la tormenta: es dificil caminar por la nieve y algunos coches se encuentran literalmente sepultados bajo ella. 


Aquí la cuestión de la nieve es graciosa, y problemática para los coches aparcados: la nieve de la acera es responsabilkdad de los vecinos o negocios y están obligados a retirarla de todas las puertas (ni no lo hacen pueden ser multados); la carretera, metro y plazas es responsabilidad de las autoridades. Pero tanto unos como otros lo que hacen es retirar la nieve y echarla a la zona de aparcamiento a los lados de la calzada por lo que los coches que han quedado aparcados se ven negros para sacarlos ya que están sepultados bajo ella.
Al llegar al Museo de Prospect cogemos el metro y nos dirigimos a la calle 21 con la 7ª para visitar una tienda de almacenaje enorme que me gusta y echar un vistazo, pero al llegar al 656 de la Avenida de las Américas, encontramos una sucursal de la pizzería Grimaldi's, la que está bajo el puente de Brooklyn que es una de las más afamadas de la ciudad, y decidimos en cuestión de segundos pasar a comer en ella; pero no merece la pena y no se explica a qué se debe realmente tanta fama ya que el local estaba frío (solo había una estufa en la puerta) y era normalito, y las pizzas no son nada del otro mundo. Mil veces mejor cualquier pizzería de Nápoles, o incluso Dolomiti en Albacete.
Al salir, pasamos a la tienda de almacenamiento y damos una vuelta. Volvemos por la 7ª entrando a echar un vistazo a las rebajas en algunos almacenes, uno de ellos el Century 21 en Broodway que vienen a ser algo así como El Corte Inglés. La verdad es que parece increíble que ayer hubiera tal tormenta y medio. etro de nieve porque hoy la ciudad ha recobrado la normalidad, el menos, en Manhattan. Si no fuera por las montañas de nieve acumulada junto a las aceras, parecería que solo había llovido.
Nos tomamos un café por el camino y subimos un rato al hotel a descansar y entrar en calor. Bajamos a un deli a comprar algo para cenar y ya le vamos diciendo adiós a Nueva York. 



Sábado, 6 de enero

Y después de pasar aquí algo más de una semana, con un frío espeluznante, cada vez me convenzo más de que Nueva York no es una ciudad, es "la ciudad"; es el lugar donde nadie se siente extranjero, donde desde el primer momento en que se sale a la calle el turista se siente  uno más, donde casi todo el mundo habla español y donde no es necesario hablar inglés porque vayas donde vayas siempre hay gente que habla español. Es, en fin, una ciudad acogedora, integradora, cosmopolita como ninguna y eficiente como pocas. Siempre da pena dejar Nueva York, más que ningún otro lugar. Volveremos, sin duda.
Pero ahora hemos llegado a último día aquí. Como depedida nos damos una vuelta por el barrio y luego cogemos la 5ª avenida y ascendemos por ella recorriendo sus tiendas  y disfrutando del ambiente. Nos desviamos en Gran Central para entrar en la estacióna. dar una vuelta; la zona inferior está a rebosar de gente ya que hay un montonazo de puestos de todo tipo de comida y mesas con sillas donde degustar los platos. Decidimos comer ahí, una sopa de almejas de Nueva Inglaterra y un perrito. Luego continuamos por la 5ª hasta llegar casi hasta Central Park y volvemos a bajar por la 6ª hasta nuestro hotel. Nos tomamos un café en el salón y recogemos el equipaje. Cogemos el bus en Port Authority y tras una hora de viaje llegamos a la terminal...

Y EMPIEZA LA PESADILLA. 😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱

El aeropuerto JFK es un auténtico caos:
Haymiles de personas por todas partes bloqueando incluso el paso. Para ir de un lugar a otro hay que salir a la calle. No hay absolutamente nadie organizando aquel barullo y con tala gentío nadie sabe dónde se tiene que colocar ni siquiera dónde están las colas ya que solo hay enormes aglomeraciones de gente sin ningún orden.


Y nuestro vuelo no aperece en la pantalla de facturación ni de salidas. Con horror nos damos cuenta de que los que están facturando equipaje ahora son viajeros que tenían sus vuelos hace tres o dos días. El CAOS es total. Después de varias joras de un lado a otro nos colocamos en la cola correcta de Air Europa ydespués de dos horas de reloj llegamos al mostradlr de facturacióndonde nos dan las tarjetas de embarque y nos dicen que el vuelo sale a las dos de la mañana en vez de a las seis que era la información última de la que disponíamos. Y nos dan un vale por $20 lara cenar.
Cuando llegamos a la puerta, después de una larguísima espera salen dos de la compañía y djcen que al vuelo que tenía que aterrizar en NY no se le ha permitido hacerlo y está en Boston y que esta noche no habrá vuelo. Gritos, insultos, deseperación... Ya dicen que van a poner un transporte y hotel para familias con niños y mayores... -¿y el resto?- preguntamos- y nos dicen que no saben si podrán conseguir habitaciones para todos. Después de muchos cabreos y varias horas, nos colocan a todos en dos autobuses que, tras una hora de viaje, nos deja en un hotel en Long Island, "donde Cristo perdió el gorro", en Un pueblo llamado Westbury. Intentamos dormir unas horas ya que nos dicen que nos recogen a las 12:00
Desayunamos y sobre las 11:30 nos dicen que vendrán por la tarde a por nosotros, no a las 12:00; y un momento después, que vendrán por la noche muy tarde o mañana por la mañana. No sabemos nada absolutamente del vuelo, ni de cuándo saldremos, ni de dóndeestá el avión. Nos dicen que nos busquemos la vida en la comida y que nos darán un ticket para la cena. Y aquí seguimos. 
LA RESPUESTA DE LA COMPAÑÍA, UNA VERGÜENZA: No dice nada, no informa, no actualiza la web y no sabemos nada de nuestro vuelo.
Entretanto hemos hecho un poco de turismo por los alrededores del hotel; ya podemos decir que hemos estado en Long Island.









El frío no remite y tras un corto paseo para tomar el aire y sin tener noticias de cuándo vamos a volar, volvemos al hotel donde nos informan de que la comida no está incluida en el hotel y que tenemos que comer por nuestra cuenta. Nos dicen también que la dirección del hotel está negociando con Air Europa darnos cena en el hotel, por lo que intuimos que esta situación se puede prolongar más de lo previsto.
Nos acercamos a una zona cercana de restaurantes de comida rápida y basura y encontramos un Nathan's que es el lugar más emblemático de perritos calientes de NY; así que eso fue lo que comimos.



Y como la tarde empezaba a caer y la temperatura también, volvemos al hotel y nos sentamos en el salón a pasar la tarde escribiendo este blog y tonteando con el móvil o leyendo.
Cuando cae la noche llegan más noticias: la hora y día de embarque no se sabe, pero confirmada la cena en el hotel. Nos tememos lo peor (otra noche aquí).
Y con la noche llega otra sorpresita: hace unos minutos las noticias de la CNN informan de que se acaba de evacuar la T4 (la nuestra) y restringido el tráfico aéreo incluso en la T1 por una rotura de tuberías que ha inudado la terminal. En la tv se ve cómo el agua cae a chorros por las cintas de equipaje y las pantallas. Esta vuelta está gafada.
Subimos un rato a la habitación a estirarnos un poco y al bajar a cenar, más noticias: nos recogerán de madrugada, a las 4 porque el avión que nos tiene que llevar de vuelta ya está aquí y embarca a las 6 de la mañana. Todos estamos un poco más animados; parece que ahora sí se aproxima la hora de volver a casa. Pese a ello, llegaremos a Madrid no antes de las 20:00 y hay que ir al mostrador de Air Europa a por un justificantes del retraso y recoger el equipaje, si es que llega porque las maletas se facturaron ayer por la tarde; después llamar para que vengan a recogernos del SHS, coger el coche y llegar a Albacete. Calculamos sobre las 2 de la madrugada, si todo va bien. 

Domingo, 14 de enero

La pesadilla no acabó. Hoy hace 5 días que volvimos y la pesadilla continúa.
El día -mejor dicho la noche- en que finalicé el relato del viaje, bajamos todos a las 03:30 al hall para que nos recogieran a las 4. Pero llegaron las 4, y 04:15, y 04:30... y nadie llegó. Llamaron a Air Europa en España y dijeron que cogiéramos taxis por nuestra cuenta porque el avión saldría sin nosotros si no estábamos a las 7 en el aeropuerto. Nervios. Confusión. Por twitter -¡¡alucinante!!- la compañía en EEUU le dijo a una de las chic del pasaje que no nos moviéramos del hotel. Medio pasaje cogió taxis y se marcharon ante el miedo de quedarse en tierra otro día más. Algunos, entre los que estábamos nosotros, opinaban que era mejor esperar ya que si nos había dejado allí la compañía, debería volver a recogernos. Pese a todo estábamos nerviosos y desorientados. Y para rematar la noche -ya madrugada- la chica de recepción del hotel, una histérica veinteañera, nos empieza a decir que teníamos que subir a las habitaciones, que no podíamos estar en el hall ya que era zona, además, de desayunos (había una parte con chimenea, tipo salón donde había butacones y era para estar, no para desayunar); nosotros dijimos que nadie se movía de allí (no quería nadie quedarse solo en su habitación sin información; éramos más fuertes en grupo). Pues después de demostrar la poca educación gritando a los huéspedes del hotel -nosotros- y enfadarse y gesticular, y amenazar, nos dijo que iba a llamar a la policía; y la muy imbéqcil los llamó. Y llegó una patrulla; y al momento, otra por la otra puerta. Este país es increíble: tratan igual un homicidio en masa que unos turistas tranquilos en el hall de un hotel. La situación era ridícula hasta para la policía. Pero se decidió uno de ellos (también bastante joven) a decirnos que nos teníamos que ir de allí y un poco amenazarnos. Y nosotros, imperturbables, sin movernos. Cuando la situación estaba en punto muerto, o nos llevaban a la fuerza o nos dejaban, se oyó un grito: "el autobúuuus", y todos salimos corriendo despavoridos hacia la puerta del hotel. Eso nos salvo a todos: a los polis, a la niñata histérica de recepción y a nosotros.
Nos recogió el bus y nos llevó al aeropuerto. Nos cambiaron las tarjet de embarque, lasamos el control y subimos al avión.
¿¿Punto final?? Pues no. Esta compañía, no contenta con fastidiarnos y maltratarnos durante las 33 horas de retraso, NO CARGÓ EL EQUIPAJE!!!!!!!!!!
Y al llegar a Madrid, tarde, no había suficiente personal para que todo el pasaje reclamara sus maletas que "Dios sepa dónde estaban". O sea, que después de llevar ya no sé las horas sin dormir, tuvimos que hacer dos horas de reloj de cola para reclamar el equipaje. Llegamos a Albacete a las 5 de la madrugada. Destrozados.
Pero, ¿¿acabó ahí la odisea?? NOOOOO
Hoy es domingo y hace 5 días que llegamos. El viernes por la tarde nos trajeron una maleta. La otra, facturada al mismo tiempo, se ha perdido; no tienen ni ia de dón de está. Lo último es, por Facebook, decirme que diga lo que llevaba dentro. ES VERGONZOSO E INSULTANTE ESTE TRATO. Y encima las maletas llevaban etiqueta con nombre, email y teléfono.
Tienen 21 días para confirmar la pérdida, pero me temo lo peor. Y lo que más siento es que iba dentro la cámara de fotos.
Si alguien lee esto, que sepa que AIREUROPA, cuando surge algún problema, no responde. 








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VENECIA (Puente Inmaculada, 2016)

Jueves, 7 de diciembre

Hoy se cumplen 5 años de nuestra boda y nos vamos a pasar el puente de la Inmaculada a Venecia para celebrarlo.
Pese a que en estos día todo triplica el precio, hemos encontrado unos billetes no excesivamente caros, con la compañía low cost Volotea, para la ciudad de los canales.
El vuelo sale a las 15:30 desde el aeropuerto de Alicante lo cual, viniendo de Albacete, resulta bastante cómodo.
El avión ha salido en punto y el viaje es corto; incluso hemos aterrizado con media hora de antelación.
En el aeropuerto hemos cogido el transporte acuático (empresa Alilaguna) que tiene varias líneas que conectan el aeropuerto con varias zonas de Venecia e islas; en nuestro caso, la línea naranja nos ha dejado directamente en el puente de Rialto, muy cerca de nuestro alojamiento, el hotel Dimora Dogale (ver crítica en Tripadvisor:

https://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g187870-d9716434-r549177280-Dimora_Dogale-Venice_Veneto.html#CHECK_RATES_CONT). La opción del transporte acuático es algo más cara que el autobús hasta la plaza de Roma y después el vaporetto, pero mucho más cómoda. Nos ha costado 26€ el billete de ida y vuelta. Los billetes se sacan en la misma terminal (también se pueden conseguir con algún descuento en la web de la compañía Alilaguna), antes de las pasarelas automáticas que conducen a la zona de embarque. Está muy bien señalizado, no hay pérdida.
En una hora y media hemos llegado al hotel sin problemas (desde el puente gracias a Google Maps y la eliminación del roaming en la UE). Hemos dejado las cosas y nos hemos tirado a la calle para ver Venecia "la nuit" (que ahora en invierno es a las 16:30 cuando empieza a anochecer y a las 17:00 ya es noche cerrada).
Nos hemos dirigido lo primero directamente a la plaza de San Marcos y luego hemos pasado el resto de la tarde recorriendo sin rumbo las callejas y canales de esta preciosa ciudad. 
La verdad es que pensábamos que estarían mucho más iluminados los edificios por la noche, pero todo es bastante fantasmagórico y lúgubre lo que le da un aire extraordinariamente romántico y atractivo. Paseando por las calles desiertas en una noche de invierno, con la bruma y el frío, uno parece haber sido transportado en el tiempo varios siglos atrás.
Todo es tan decadente y al mismo tiempo tan encantador!! Es indescritible la sensación de recorrer las placetas y callejas desiertas, subiendo y bajando puentecillos que atraviesan los canales, con la tenue luz de las pocas farolas amarillentas que alumbran levemente el camino y oyendo el retumbar de nuestros pasos sobre el pavimento. Parecíamos los únicos habitantes de una ciudad fantasma que aún vive en el pasado.
De vuelta a zonas más transitadas, cerca del Gran Canal, hemos cenado en un coqueto e íntimo restaurante, Marco Polo, en la calle Salizzada San Lio, que conduce desde Rialto al hotel. Muy bien, pizza -¿cómo no?-, vino y cerveza.
Y así termina el día de nuestro 5° aniversario en Venecia.

Viernes, 8 de diciembre

Hoy parece ser que la lluvia no nos va a dar tregua y estará cayendo el día entero. Pero Venecia es Venecia y nunca decepciona.
Tras el desayuno en el hotel nos hemos encaminado hacia el único lugar que teníamos interés de ver en este viaje: la Peggy Guggenheim Collection, que no conocíamos. Desde el hotel tenemos que cruzar al otro lado del Gran Canal y lo hacemos a través del puente de la Academia hasta llegar al cual recorremos emblemáticos lugares de la ciudad como el teatro La Fenice o el Palazzo Pissani.
 El museo se halla ubicado en la que fuera la mansión de la rica heredera : el Palazzo Venier dei Leoni, que compró en 1948 y donde vivió hasta su muerte en 1979 (está enterrada en el jardín). Su colección de pinturas fue abierta al público en 1951. Se dice que Marguerite, más conocida como Peggy, nunca fue tan rica como su tío Solomon Guggenheim, el creador de la fundación y el museo Guggenheim de Nueva York, aunque ella también venía de esta familia estadounidense enriquecida con la minería. Cuando su padre, Benjamin, murió en 1912 en el naufragio del “Titanic”, Peggy se lanzó a frecuentar el ambiente artístico de Londres y París. En la década de 1920 en el barrio de Montparnasse conoció a personalidades como Man Ray, Marcel Duchamp y Tristan Tzara. 

 Excéntrica y apasionada, Peggy llegaría a ser una de las más influyentes coleccionistas. En 1938 abrió una galería de arte en Londres y aconsejada por Duchamp apreció las vanguardias europeas de su tiempo, desde el surrealismo al arte abstracto, el futurismo o el expresionismo. Los nombres de Brancusi, Calder, Kandinsky, Max Ernst o Jean Arp, no eran tan conocidos en Inglaterra. Esas obras no tenían muchos compradores, “así empecé mi colección”, diría ella.
La villa es impresionante y en la veintena de salones que albergan la colección hay obras de más de doscientos artistas; es casi un resumen de las vanguardias europeas y estadounidenses del siglo XX. No faltan obras del surrealista Max Ernst, uno de los esposos de Peggy, además de pinturas del expresionista Jackson Pollock, de Picasso, Dalí, Kandinsky, Man Ray, Mondrian y varios italianos, como Giorgio de Chirico, Umberto Boccioni, Giacomo Balla y Giorgio Severini. También está allí el argentino Lucio Fontana. 
La Peggy Guggenheim Collection es considerada por mucho el mejor museo de Italia en arte moderno europeo y americano.
La entrada cuesta 15€ y no dan ni un plano con ella lo cual parece bastante caro, aunque merece la pena pagar ese dineo por ver tanto la casa como la colección. Las habitaciones privadas no se visitan pero hay algunas fotos de la propietaria en diferentes estancias con las que nos podemos hacer una idea de cómo era. Sí se puede salir a la terraza sobre el Gran Canal y visitar también el patio.
Al salir del museo continuamos paseando hasta la famosísima y fotografiada iglesia de La Salute y llegamos hasta la Punta della Dogana.
Volvemos sobre nuestros pasos buscando un lugar para tomar café, cosa que hacemos en un cafetín bajo el puente de la Acedemia. Desde ahí continuamos callejeando hasta Ca ' Razzonico, en el barrio de Dorsoduro. Se trata de unos de los palacios barrocos más bonitos de Venecia y actualmente alberga las colecciones del llamado Museo del siglo XVIII veneciano. El Palacio Ca' Rezzonico fue construido a mediados del siglo XVII por Baldassare Longhena, el arquitecto de la familia Bon. Posteriormente el palacio fue adquirido por la familia Rezzonico y restaurado por Giorgio Massari. En el siglo XVIII vivió en Ca' Rezzonico su habitante más notable, el Papa Clemente XIII.
Actualmente el Palacio Ca' Rezzonico alberga en su interior el Museo del Settecento Veneziano, un museo que cuenta con tres plantas y contiene todo tipo de objetos que recuerdan la forma de vida de los nobles que vivieron en siglos pasados: vajillas, figuras, mobiliario, tapices...; incluso se puede visitar el dormitorio de la señora que posee un vestidor enorme. Es impresionante también la sala de baile, que tiene la anchura del propio palacio, y los frescos de cualquiera de las salas, en especial el que fue encargado para el enlace matrimonial del propietario. La entrada cuesta 10€.
Al salir son sobre las 15:00 y comenzamos a buscar un lugar para comer, pero nos damos cuenta de que aquí rige el horario europeo y no hay forma de encontrar un restaurante ya que todos cierran a las tres. Al fin, después de mucho andar, damos con uno que resulta ser algo bastante surrealista: un indio, que sirve comida italiana y es atendido por una camarera china: Ganesh. Esto sí que es multicultura.
Después de comer vamos a visitar Ca' Pessaro que cierra a las 17:00, según internet; pero no dicen que la taquilla cierra una hora antes, por lo que cuando llegamos ya no podemos entrar. Así que decidimos acercarnos a la Ca' D Oro que cierra más tarde. La caminata para llegar es bastante considerable dado que tenemos que bajar hasta el puente de Rialto y volver a subir. La zona, en especial la Strada Nova que discurre paralela al Gran Canal desde Rialto hacia el norte. El palacio se caracteriza por sus ventanas ojivales y su fachada es probablemente la más sorprendente y trabajada de los palacios que se encuentran a orillas del Gran Canal.
La construcción del Ca' d'Oro comenzó a mediados del siglo XV, con un estilo gótico-renacentista. El edificio es también conocido como la Casa Dorada ya que en su origen la fachada estaba decorada con pan de oro. En la actualidad el mármol también le aporta una tonalidad brillante.
Actualmente, el Palacio Ca' d'Oro alberga la Galería Giorgio Franchetti, colección que comenzó con las adquisiciones del Barón Franchetti a finales del siglo XIX y que ha aumentado desde su cesión al estado italiano en 1916. No es especialmente interesante.
Lo que verdaderamente llama la atención es el sótano que está abierto al canal y en el que se puede contemplar un patio encantador con una escalinata y, especialmente, el pavimento que está realizado con cientos de motivos en mosaico de vistosos colores.
Salimos del palacio y sigue lloviendo; hoy el tiempo no nos ha acompañado y no ha dejado de llover ni un minuto. ¡Ya cansa tanta agua!
Volvemos hacia Rilato por la misma calle que continúa superanimada y hacemos una parada en un pequeño café a tomar un chocolate caliente.
Volvemos al hotel, descansamos un poco y luego volvemos a la calle para disfrutar del ambiente nocturno de la ciudad, aunque con los paraguas en mano ya que sigue cayendo una lluvia cansina.

Sábado, 9 de diciembre

Hoy amanece con un sol brillante pero un día frío. El buen tiempo nos anima a salir rápido para aprovechar la luz que, tras el día brumoso de ayer, nos parece espléndida.
Lo primero que hacemos es ir a visitar Ca'Pesaro (Galería Internacional de Arte Moderno) ya que ayer no lo conseguimos. El palacio es interesante y magnífico y cuenta con tres plantas que albergan el Museo de Arte Moderno y en la planta superior un Museo Oriental.
Merece muchísimo la pena pagar los 10€ de la entrada por ver las obras de todos los grandes del siglo XX.
Durante el recorrido pasamos por el mercado de Rialto que a esta hora está en pleno apogeo: gente, puestos, gritos, barcas que cruzan el canal cargadas de víveres...
Toda una explosión de color y sonido. Daba pena dejar atrás todo esto para adentrase en los silenciosos callejones que conducían a Ca'Pesaro que construido en la segunda mitad del siglo XVII por voluntad de la rica familia Pesaro. Fue obra de Baldassarre Longhena, el arquitecto veneciano más importante de le época, al que se debe también la creación de la Iglesia de la Salute y de Ca’ Rezzonico. Además de los Pesaro, el palacio fue propiedad de la familia Gradenigo y, después, fue utilizado por los Padres Armenios Mechitaristas como colegio. Adquirido por la familia Bevilacqua, perteneció a la duquesa Felicita Bevilacqua La Masa, que quiso darle la función de sede del museo y lo donó, con esta finalidad, a su ciudad.
El palacio tiene tres plantas y conserva excelentes frescos de artistas como Bambini, Pittoni, Crosato, Trevisani y Brusaferro. El fresco más famoso, “Zefiro y Flora” de Tiepolo, fue trasladado en 1935 al Museo de Ca’ Rezzonico. Una de las zonas más espectaculares del museo es su enorme vestíbulo, construido alrededor de un pozo típico veneciano.
Actualmente, la Galería de Arte Moderno de Venecia conserva pinturas y esculturas de los siglos XIX y XX, con obras maestras de Klimt, Chagall, Miró, Kandinsky, Klee y Moore. Además del Pop Art  como Andy Warhol, Roy Lichtenstein, además de Jeff Koon, Entre las pinturas más importantes del museo, hay que destacar “Giuditta II (Salomé)” de Klimt, adquirida por el Ayuntamiento de Venecia después de su participación en la Bienal de 1910, edición en el que el artista austríaco expuso 22 obras.  
Además de las obras de famosos artistas internacionales, entre las obras de la colección se encuentran las pinturas y esculturas de los grandes maestros italianos del siglo XX, como Boccioni, De Pisis, Sironi, Morandi, De Chirico y Burri.
En la tercera planta contiene una importante colección de obras de arte oriental, alrededor de 30.000 piezas, compuesta originalmente por los objetos recogidos por Enrique de Borbón, conde de Bardi , durante sus viajes por el Lejano Oriente entre 1887 y 1889 . La colección, después de muchas vicisitudes, finalmente pasó a ser propiedad del Estado italiano.
En la actualidad, los valiosos objetos se exponen en la tercera planta de Ca' Pesaro, que resulta un espacio muy reducido y lo que impide un disfrute adecuado, aunque a su favor tiene el interés por el entorno histórico. La colección incluye entre sus piezas una enorme cantidad de laca japonesa del periodo Edo (1603-1868), y muchas espadas japonesas guardadas en sus envolturas originales.
Al terminar la visita, que es impresionante para quien guste del arte moderno, nos tomamos un café con muffin de arándanos en la cafetería. No se puede abandonar el palacio sin sentarse a degustar un expresso en la terraza o en una de las mesitas interiores en las ventanas que dan al canal. Pasamos allí un rato muy agradable descansando y observando el ajetreo en el canal.
Continuamos el paseo volviendo sobre nuestros pasos para visitar una de las 10 joyas imprescindibles de la ciudad: Santa María de los Milagros que es una de las iglesias más hermosas de Venecia. Es una construcción del Renacimiento temprano, enclavada entre una pintoresca plaza y un canal, en medio del distrito residencial de Cannaregio, alejada del bullicio de los turistas. El templo es de dimensiones reducidas y se caracteriza por su cúpula, formando un conjunto que ofrece unas fotografías maravillosas desde el exterior. El interior es muy bonito, un espacio ideal para recogerse en calma durante media hora y escapar así del ajetreo del centro veneciano.
 La Iglesia de Santa María de los Milagros es una de las más hermosas de Venecia, toda construida en mármol. Es una construcción del Renacimiento temprano, enclavada entre una pintoresca plaza y un canal, en medio del distrito residencial de Cannaregio, alejada del bullicio de los turistas. El templo es de dimensiones reducidas y se caracteriza por su cúpula, formando un conjunto que ofrece unas fotografías maravillosas desde el exterior. El interior es muy bonito, un espacio ideal para recogerse en calma durante media hora y escapar así del ajetreo del centro veneciano.
Se trata de una iglesia de gran significado histórico para los venecianos católicos: las primeras personas que venían aquí eran peregrinos que traían ofrendas a un icono de la Virgen María, del que se decía que realizaba milagros. Entre otros, habría devuelto la vida a un hombre ahogado. Fue encargado por un noble para su casa pero pronto se corrió la voz de que era milagrosa y tuvo que ponerla a disposición de los peregrinos. Al cabo, se recolectaron fondos suficientes para erigir un templo en honor de esa Virgen. Las obras se iniciaron en 1481, bajo la dirección y el diseño de Pietro Lombardo, que se convertiría en uno de los fundadores de estilo renacentista en Venecia.
En el interior, la luz se derrama desde encima del gran altar, para iluminar y llevar al centro de atención la imagen de la Virgen María, conocida como María de los Milagros (I Miracoli). Si te fijas podrás apreciar que la soberbia paleta de rosas, blancos y grises del mármol exterior tiene continuidad de puertas adentro, con los laterales revestidos de paneles rectangulares pulidos. Alza la vista y verás 50 cofres cuadrados, adornados uno por uno con la imagen de un profeta vestido de veneciano. Tómate tu tiempo para observar la escalinata de mármol, decorada con figuras de la Virgen María y sus ángeles tallados en los pasamanos. Es una iglesia pequeña y encantadora.
Desde ahí, subimos hasta la parte más al norte de la ciudad ( justo frente a la isla del cementerio) , el Campo de San Giovanni y Paolo donde se halla la espléndida iglesia del mismo nombre y al lado la Escuela Grande de San Marco que hoy alberga el Museo de la Medicina h un hospital en uso. Se trata de una plaza grande, abierta y espectacular con ambos imponentes edificios presidiéndola.
Damos un paseo por el barrio que a esa hora y con el buen día estárepleta de gente. Comemos en un pequeño restaurante en una callejuela de los alededores.
Pasamos el resto de la tarde callejeando hasta llegar a la plaza de San Marcos y el Palacio Ducal, recorremos toda la ribera desde la que vemos agardecer sobre las cúpulas de La Salute. Un espectáculo indescriptible.
Una vez puesto el sol vamos a tomar un chocolate al emblemático Café, inaugurado en 1720 que tiene fama de ser el más antiguo de Italia;  pero está a rebosar y recorrenos la plaza buscando otro café.
Justo en el lado de enfrente conseguimos una mesita al lado de la ventana en el Café Quadri, de 1775, que fué frecuentado por ilustres personajes históricos, como Lord Byron, Balzac, Marcel Proust, Alejandro Dumas y Richard Wagner, y en la actualialidad, por los más prestigiosos directores o actores de cine que cada año participan en la Mostra de Venecia.
No es el Floria, pero tiene los mismos desorbiyados precios que él: 13€ por un café latte y otros 13€ por un chocolate, acompañados de unos minivasitos de agua y 6 minipastitas de un cm. cada una. Eso sí, los camareros pulcrísimos y la atención excepcional; todo cuidado al detalle (tiene una estrella Michelín) La verdad es que nos ha merecido la pena gastar ese dineral por el placer de estar allí sentados disfrutando del ambiente. Genial.
Pasamos las últimas horas recorriendo el centro, grabando en nuestras retinas las imagenes de esta ciudad de ensueño. Compramos unos bocatas, volvemos al hotel a recoger las maletas y volvemos a Rialto a tomar la barca de Alilaguna que nos traslada en 45 minutos al aeropuerto. Allí tenemos que coger un taxi hasta el hotel donde pasaremos la noche, el Westner Titian (ver crítica en Triladvisor) que está a 1 km. del aeropuerto. El hotel tiene servicio de transfer (1,5€/persona) que habíamos contratado, pero nuestra hora era las 23:00 y llegamos bastante antes así que nos dineron que el conductor no estaba todavía. Intentamos coger el bus 5, pero era un timo ya que vale 8€ por salir del aeropuerto (siempre había costado el precio normal del bus urbano), y da igual si te bajas en la primera parada o vas hasta Venecia. El taxi tampoco fue barato (15€) sin poner el taxímetro, pero a esas horas no había nada más que pagar (OJO con los taxistas que son, como el nuestro. unos sinvergüenzas estafadores)
Vimos la tv un poco, el canal Internacional, y descansamos hasta las 05:30. Nos recogerán a las 06:00 para llevarnos al aeropuerto.

Domingo, 10 de diciembre

A las 06:00 salimos hacia el aeropuerto y a las 07:00 estábamos embarcando. El viaje de vuelta fue perfecto. La compañía Volotea funciona de maravilla y llegamos incluso antes de la hora.
Tomamos un café, recogemos el coche en Noroparking (genial y muy barato: los 4 días por 10€) y vuelta a casa.
Nuestro viaje de aniversario ya pertenece al recuerdo
 














 






















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