MÉJICO (Julio, 2015)


Hoy, 23 de julio, día en que ha nacido nuestro sobrino-nieto Álvaro, emprendemos viaje a Méjico, en concreto a Yucatán, a Playa del Carmen. 
Salimos de Albacete sobre las 19:30 en dirección a Madrid desde donde mañana sale nuestro vuelo. No hay apenas tráfico y en dos horas y media llegamos a nuestro Hotel SHS en el que pasaremos la noche y dejaremos el coche (han vuelto a poner la oferta Aparca y vuela con la habitación, traslado, desayuno y parking gratis hasta 30 días por setenta y pocos €)

Viernes, 24 de julio

Tras desayunar nos llevan al aeropuerto y tomamos el avión con retraso. Antes de salir, como siempre, cambiamos 50€ por si hay algún gasto al llegar. Es importante el asunto del cambio: en Barajas cambiamos a 14,30; en el aeropuerto de Cancún estaba el cambio a 13,60; en Playa del Carmen cambiamos a 17,30 y el cambio oscilaba entre 17,10 y 17,40. 
Aterrizamos a la hora en punto y tras los tediosos trámites salimos del aeropuerto en dirección al hotel cuya primera impresión no es muy buena (ver crítica en Tripadvisor)
Tras acomodarnos en la habitación 2832 de la segunda planta sin ascensor, picamos algo de fruta y vamos a dar un paseo hasta lo que llaman el "club de playa", o sea, la zona de playa del hotel, pero tras andar, al menos, 4 kms. damos la vuelta sin llegar pues estamos cansadísimos. Cenamos en el restaurante bufet y nos vamos a dormir.

Sábado, 25 de julio

Desayunamos temprano, muy bueno y variado el desayuno, de hecho, lo mejor del hotel, para ir a Playa del Carmen a recoger el coche que hemos alquilado para toda la estancia y después de intentar, como siempre, colarnos otro seguro superior y más caro, y de hacer todos los trámites y papeleos, nos dicen que no hay el modelo de coche pequeño, sencillo y económico que habíamos reservado y nos dan uno grande por el mismo precio. Al principio no nos hizo gracia, pero luego estuvo muy bien. Tenía hasta alarma. El alquiler lo hemos hecho con Thrifty (30€/día), que junto con Dollar y Tulumrentacar son las más baratas.
El primer contacto con las carreteras de Méjico han sido lo que aquí llaman "topes" y que son reductores de velocidad a lo bestia; en el primero casi salimos volando y además si se pasan a más de 10kms. hora te destrozan el coche. Hay de muchos tipos y en absolutamente todas las localidades grandes o pequeñas. Los de las urbanizaciones como Playacar, donde estábamos, son espantosos, hueco rectangular, elevación rectangular y otra vez hueco; en otros casos de trata de bandas sonoras, pequeños badenes simples o dobles..., y en algunos lugares usan maromas que hacen la misma función; en cualquier caso hay que ir a 10 kms./ hora si no se quiere destrozar las ruedas.
Con nuestro cochazo, lo primero que hacemos es dirigirnos a un centro comercial a por protector solar biodegradable ya que en muchos parajes naturales como Xel-Ha, cenotes, Sian Ka' An, etc. solo permiten este tipo de productos que no dañan el medioambiente. Perpetrados con nuestro protector solar nos vamos al parque natural de Xel-Ha cuya entrada cuesta 89 dólares todo el día. Te ponen en la taquilla un brazalete y ya tienes TI, Todo incluido: la comida y bebida, equipo de snorkel y muchas actividades, otras de pago. Snorkeleamos durante un buen rato por las lagunas y luego subimos en un trenecito a la zona alta para bajar el río con flotadores gigantes (llantas), actividad que es bastante cansada porque no te arrastra la corriente sino que hay que remar. 

Comemos en La cocina del pueblo, cocina mejicana buenísima, y descansamos un rato para continuar el resto de la tarde paseando por el parque que tiene senderos y cortas rutas para andar. A última hora nos tomamos un zumo a la sombra y emprendemos el camino de regreso. Para esta visita, y otras acuáticas, habíamos comprado por 12€ en España unas cámaras acuáticas de carrete, de usar y tirar, pero es innecesario  porque a lo largo de todo el parque hay puntos en los que te puedes tomar fotos y se recogen al salir del parque en formato digital.
Volvemos al hotel. Habíamos reservado para la noche la cena en el restaurante del club de playa. A las 21:45 nos lleva un bus al club que resulta ser algo bastante demodé y la cena regular. Nada del otro mundo. Nos vamos temprano a dormir.

Domingo, 26 de julio

Desayunamos un café con leche y unos croissanes y a las 6:30 nos recogen para ir a visitar Sian Ka' an, reserva de la biosfera de la Unesco, cuyo nombre en maya significa Puerta del Cielo, cuya principal característica es la planitud de su relieve y cuya superficie está constituida principalmente por piedra caliza, la misma que impide la formación de corrientes superficiales de agua y favorece el afloramiento de unos pozos conocidos como cenotes en México. Frente a la costa de Sian Ka'an, en el Mar Caribe , se ubica un complejo de arrecifes coralinos que constituyen el segundo más amplio en su tipo, después de la Gran Barrera de Arrecifes, al oriente de la costa de Australia.

En la costa de esta Reserva de la Biosfera se localizan amplias playas de arena blanca, pequeñas bahías y manglares, entre otros sistemas ecológicos. Cada uno de estos espacios alberga distintos tipos de fauna. El clima es cálido subhúmedo, y la época de lluvias se presenta durante el verano. Debido a su ubicación frente a las costas del Caribe, Sian Ka'an está expuesta a los huracanes que tienen lugar en el mar Caribe entre los meses de junio y noviembre. Debido al deficiente drenaje natural de la zona, en la época de lluvias buena parte de su superficie permanece anegada en el verano. Se pueden encontrar 4 tipos de manglares que son el mangle rojo, mangle negro, mangle blanco y mangle gris. Un ecosistema muy peculiar en los humedales de Sian Ka'an es el de los llamados petenes, unas masas de árboles que pueden medir hasta treinta metros de altura y que se levantan entre las hierbas de los pantanos. Estas formaciones vegetales son casi únicas en el mundo, pues fuera de la península de Yucatán, no existen más que en el estado norteamericano de Florida, donde se les conoce como hammocks, y en Cuba, donde se les llama cayos de monte. En su mayoría tienen forma oval o circular y su tamaño varía desde unas decenas de metros hasta casi dos kilómetros de diámetro. Se generan debido a la presencia de manantiales de agua dulce, que brotan en medio de los pantanos de agua salobre y permiten el crecimiento negros de grandes árboles.
Hay 23 yacimientos arqueológicos en la reserva, incluyendo a Muyil y Tampak, entre otros. (Wikipedia)
Contratamos nuestra excursión con ITour (http://www.itourmexico.com/) (porque es la única empresa que hace todo el recorrido pero sin ir a Punta Alen en jeep (como las demás) durante dos horas por una pista infernal y unos caminos espantosos, sino que van en furgonetas solo hasta Boca Paila que está muy cerca y desde allí en lancha rápida, a través de lagunas y manglares hasta Punta Allen (donde ofrecen un piscolabis). Nuestra excursión se llama Sian Ka'an Deluxe y cuesta 115 dólares por persona con la recogida en el hotel de Playa del Carmen (sin recogida y yendo al punto de encuentro por cuenta del cliente son 110 dólares). El punto de encuentro es la oficina de ITours en Tulum, que es igual que un albergue de juventud y con el mismo ambiente hippy y alternativo, gestionado por gente muy joven y muy preparada (nuestra guía hablaba perfectamente español, inglés, francés e italiano). Nos llevan desde Tulum hasta un embarcadero semiescondido, en Boca Paila, en una laguna y desde ahí comienza un fabuloso recorrido en lancha atravesando lagunas y manglares hasta Punta Allen (2 horas). Las lanchas son de 6 personas y algunas son de tres asientos de plástico cómodos a cada lado, pero otras llevan solo tres asientos y una tabla muy incómoda (que fue la que nos tocó a nosotros y que no era en absoluto deluxe). Durante el recorrido pasamos y rodeamos la Isla de los Pájaros en la que se pueden avistar muchas especies como pelícanos, cormoranes, fragatas... Al llegar a Punta Allen hay que pagar una tasa gubernamental de 35 pesos  para entrar al parque que no va incluida en la excursión. En un pequeño restaurante tomamos un snack de bebida y tortillas con picadillo de tomate y cebolla antes de subimos a otra lancha para el avistamiento de delfines y tortugas ya en mar abierto. 


A continuación nos dirigimos al arrecife de coral (el segundo más grande del mundo) y durante un rato hacemos snorkel en la zona, para decir la verdad impone un poco estar en medio del mar con las gafas y el tubo que agobian un poco. Desde ahí nos llevan a una playa paradisiaca, la típica imagen del Caribe, aguas transparentes, color turquesa, arena blanca, temperatura ideal... y terminamos la excursión con un baño espectacular y relajante.
Volvemos en las lanchas de nuevo a Punta Allen, donde degustamos el almuerzo que va incluido en la excursión y que es bastante cutre, por cierto. Terminada la comida regresamos en las lanchas, a toda pastilla por los manglares, al embarcadero donde nos espera una furgoneta que nos lleva directamente a nuestro hotel. La excursión (quitando lo incómodo de la lancha y el calor horrible) merece mucho la pena y es muy recomendable.
Llegamos al hotel hechos polvo y descansamos hasta la hora de la cena que hoy hemos tomado en el restaurante mejicano. Bien.

Lunes, 27 de julio

Hoy no tenemos prisa y nos hemos permitido levantarnos un poco más tarde y desayunar muy relajados para partir hacia la zona noroeste de la península de Yucatán. 
Tomamos desde Playa del Carmen la autopista, que aquí llaman carretera de cuota, y partimos en dirección a Valladolid donde al llegar nos dirigimos hacia el norte dirección Río Lagartos, para visitar las ruinas de Ek Balam, un antiguo poblado maya menos turístico: Ek Balam, es un sitio arqueológico maya en Yucatán, México. Está localizado a 30 km al norte de la ciudad de Valladolid, a 2 km del poblado maya de Ek Balam. En maya yucateco, Éek' Báalam significa "Jaguar negro" (Ek, negro; Balam, jaguar). Desde el año 300 a. C. hasta la llegada de los españoles.
El asentamiento humano en Ek Balam llegó a tener unos 12 km2, que incluía un espacio central sagrado de 1 km2, donde residía la élite.
Esta pequeña zona central estaba protegida por tres murallas. Fue una capital maya muy rica llamada Talol que, había sido fundada por Éek'Báalam (jaguar oscuro) o Coch CalBalam. Dominó una región muy poblada. En los primeros años del siglo XI, una irrupción extranjera posiblemente de los itzáes sometió los centros de poder de Ek Balam y Yaxuná.

La mayor parte de los edificios son de finales del periodo clásico. La entrada a este sitio protegido por dos murallas comienza con un magnífico arco maya, en el interior encontramos las edificaciones del centro ceremonial, el palacio oval y un juego de pelota maya de buen tamaño y una pirámide grande. La zona principal es la amurallada.
La entrada cuesta 119 pesos por personas, bastante caro para lo que se ofrece.
Al entrar a la derecha sale un sendero desde el que se accede a un cenote en el que se puede uno dar un baño. Se ofrecen para llegar a él, de pago, bicicletas y también hay bicicarros en el que te llevan sin esfuerzo. La zona no es muy extensa y se puede recorrer sin problema a pie.
Terminada la visita y con un calor de muerte volvemos a Valladolid que resulta ser una ciudad pequeña muy agradable. Tenemos suerte y encontramos un hueco para aparcar casi en la misma plaza, en el parque Francisco Cantón. 
Como ya es tarde y los estómagos necesitan combustible buscamos un sitio para comer y damos con El mesòn del Marqués, una antigua mansión reconvertida en restaurante con corredores, una decoración muy cuidada y un bonito, agradable y coqueto patio central con una fuente: en resumen,  un lugar fantástico con comida muy rica. Pedimos un plato regional, cochinita Pibil, una especialidad de la casa, caldo del marqués, y de postre crema de coco. 409 pesos, unos 27€, a los que hay que sumarle la propina que es el 10%, o sea unos 3€ más. 

No es excesivamente barato: aperitivo gentileza de la casa, los dos platos, 1 postre y 2 cafés malísimos. 
A continuación nos dedicamos a recorrer Valladolid bajo un calor de justicia. La ciudad es conocida actualmente como “La Capital del Oriente Maya”, título merecido no sólo por la belleza arquitectónica de sus edificaciones coloniales ancestrales como el Convento de San Bernardino de Siena, el Palacio Municipal, la Iglesia de San Servacio, el Ex Telar de la Aurora, el Museo de San Roque, así como otros no menos importantes. También por su ubicación estratégica en el centro de toda la región oriente siendo la cuidad más cosmopolita de la región. 
Comenzamos la visita por el famoso cenote Zaci que tiene de particular que está situado dentro de la ciudad. A él se accede bajando por unas escaleras talladas en la piedra. Aunque no se ve muy limpio, y el agua parece muy turbia, hay bastante gente bañándose dentro. Para salir se toman otras escaleras que lo rodean por el lado contrario y por las que se accede inevitablemente a un restaurante desde cuya terraza hay una vista excepcional del cenote.
En unos de los lados del parque se ubica el ayuntamiento y justo al lado está la oficina de información turística. Nos acercamos a la oficina de turismo a por un plano y algo de información (se encuentra justo al lado del Ayuntamiento, en unos de los lados que rodean al parque central, el izquierdo saliendo de la catedral) pasamos por esta y tomamos la calle principal (calle 41) que se encuentra repleta de comercios y restaurante. Nos detenemos en la casona de Valladolid, antigua casa señorial, que en otro tiempo fuera lugar de reunión de la clase alta de la ciudad y donde antaño se celebraban numerosas fiestas. En el interior hay un patio muy agradable y una capilla muy curiosa y coqueta que merece la pena visitar. También una tienda de artesanía de la zona y un restaurante en una especie de terraza elevada sobre el patio. Hacemos un descanso y nos sentamos en ella a tomar una limonada que por estas tierras es típica y la hacen riquísima (2€ las dos).
A continuación seguimos por la Calzada de los frailes, que nos han indicado en la oficina de turismo y que sale a la izquierda y conduce al convento de San Bernardino de Siena, una de las joyas de la ciudad, fundado en 1552 por la Orden Franciscana y ubicado en el barrio de Sisal, al sureste de la plaza principal de la ciudad. Entre sus muros estuvo preso el famoso pirata Lorencillos.
 
En su fachada sobresale la portería con arcos de medio punto y a los lados dos capillas; el acceso principal al templo es de arco de medio punto y, arriba de éste, hay una ventana coral y un escudo franciscano; rematan la sobria fachada dos espadañas.
En su interior, lo más interesante es su retablo principal en madera pintada en oro, y algunos nichos con esculturas; todo adornado con motivos vegetales, de estilo barroco. 
El claustro presenta dos niveles; en el pasillo de la planta baja se encuentran resto de una vieja noria que da sobre la boca de un cenote.  En este convento, Fray Bernardino de Valladolid inició una de las primeras obras científicas mexicanas, el "Catálogo Botánico", con nombres en latín y castellano, dibujos y explicación sobre las virtudes curativas, los usos domésticos e industriales de cada planta.
En una cámara podemos admirar lo que queda aún de una serie de grandes murales pintados a mano, que representan una procesión de santos que debieron cubrir todas las paredes. Sólo pueden apreciarse tres de ellos que se están perdiendo a causa de la humedad.

Para irrigar tan gran extensión se precisaba de una noria que lanzara por los sólidos acueductos el suficiente líquido extraído por los hombres o  por bestias. La noria se edificó en una pequeña elevación de la bóveda' por la parte norte del convento. Su solidez ha permitido su supervivencia ante la inclemencia del clima y el abandono que sufrio durante largo tiempo. La noria tiene forma rectangular y como "techos" tiene dos gruesos arcos de piedra que se cruzan en el centro de la boca del pozo. Se conservan las escalinatas que por cuatro partes hacían llegar hasta el promontorio. En uno de los pilastrones está tallada en la piedra una lacónica impresión: "Año 1613", que señala su terminación.
A corta distancia de la noria, hacía el oriente, hay otra "boca:' del cenote Sis-Há, que es un brocal desde donde puede admirarse la imponente profundidad de las aguas.
Los patios enormes que encerrados en una gruesa muralla circundan todo el Convento de San Bernardino se erigió sobre el cenote Sis-Há; que junto con el del barrio de Santana fué la principal fuente de abastecimiento de agua de los Cupules.
La calle en sí por la que se llega hasta el barrio de Sisal en que se ubica el convento es preciosa, toda llena de negocios artesanales de todo tipo (chocolate, madera, tequila...), con las casas pintadas de colores. Llegamos al convento que se encuentra al final, en una gran plaza. El edificio, al exterior, es sencillo y austero, sin adornos; el interior es exactamente igual, una construcción muy colonial, de muros lisos y anchos sin decoración tallada en la pared, simplemente decorado con alguna cenefa de pintura muy sencilla. El claustro da más impresión de ser una prisión que un convento y todo el conjunto, la verdad, es un poco tenebroso. Sería un decorado perfecto para una película de terror. Interesante.
El recinto cuenta con algunas dependencias austeras que muestra cómo eran las celdas, con alguna escueta pieza de mobiliario. Lo más interesante es el jardín donde encontramos un cenote propiedad del convento, cubierto con una estructura de piedra con arcos, de cuyo fondo extrajeron gran parte de las piezas que hoy se exponen en el pequeño museo que alberga el edificio. Por la parte más alejada de la entrada, accedemos a otro jardín más cuidado, que en este caso se trata de un pequeño jardín botánico realizado por unos estudiantes de turismo, en el que principalmente hay plataneras y palmas de coco, gallinas y pavos. Una iglesia sencilla pero con el gran retablo pintado completa la estructura.
Volvemos al centro, donde dejamos el coche por la mañana, no sin antes entrar al parque central y hacernos unas fotos en los curiosos bancos en forma de S que lo adornan.
Tomamos la salida en dirección a nuestro hotel, Gran Mayab (Antiguo Real Mayab. Ver crítica en tripadvisor) y llegamos a él sin ningún problema gracias a Google Maps. Al llegar cenamos un plato de frutas, vemos una peli de catástrofes en la tv y a dormir porque mañana madrugamos para visitar la joya de la corona, la antigua ciudad maya de Chichén Itzá.
La señora que regenta el hotel nos dice que internet va un poco lento porque ayer hubo lluvia y una tormenta fortísima con relámpagos que estropeo varios aparatos de comunicaciones.

Martes, 28 de julio

Nos levantamos temprano para llegar pronto a Chichén Itzá. (en maya: (Chichén) Boca del pozo; de los (Itzá) brujos de agua )
La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. El 7 de julio de 2007, el Templo de Kukulcán, ubicado en Chichén Itzá, fue reconocido como una de las Las nuevas siete maravillas del mundo moderno. Fue fundada hacia el año 525 d.C., durante "la primera bajada o bajada pequeña del oriente que refieren las crónicas", por los chanes de Bacalar (que después se llamaron itzá) y más tarde aún cocomes.
Habiendo establecido los chanes la capital de su gobierno en Chichén Itzá continuaron su trayecto de oriente a poniente en la península de Yucatán, al cabo del cual fundarían también otras ciudades importantes como Ek Balam, Izamal, Motul, T'Hó, la actual Mérida de Yucatán y Champotón.
En el siglo ix, Chichén se convirtió en uno de los más importantes centros políticos de las tierras del Mayab. Desde el año 900 hasta el 1500, la ciudad se había consolidado como principal centro de poder en la península yucateca

A las 8 de la mañana aparcamos en la misma puerta y nos dirigimos a la taquilla. Entramos después de discutir con una chica bastante inepta que habían puesto y que no sabía ni cómo se hacia el cobro con tarjeta (en un monumento Patrimonio de la Humanidad que recibe cada día miles de sitantes!!!!!) Además no nos acepta la tarjeta de profesor internacional porque, según ella, deben ser los profesores mejicanos, cuando en los foros hay bastantes que la han utilizado y ayer mismo, en una caseta de información turística del gobierno, nos dijeron que sí valía. Bueno.
En la entrada hay guías oficiales que muestran las ruinas en un recorrido de 2 o 2,5 horas por 650 pesos, pero nosotros dijimos que solo éramos dos y nos ofrecieron un precio de 450 que al final logramos dejar en 400. Nos acompañó un guía genial, maya de sangre pura. Nos explicó muchísimas cosas sobre los edificios del complejo (todos reconstruidos) y sobre la cultura, origen, creencias, visión del mundo y modo de vida maya. Algo que nos llamó mucho la atención fue el concepto de casa que es totalmente diferente al nuestro: para los mayas, la casa es un reflejo de la persona en el mundo y así las construyen: el corazón es el fuego, los troncos que la sujetan, el esqueleto; las lianas con que atan los troncos, las venas; el barro la carne y se pinta por fuera con cal que es la piel. Curioso.
Vimos todo el recinto, el gran cenote sagrado, la casa maya, los templos, el juego de pelota, el edificio de las columnas, el observatorio y, cómo no, la gran pirámide de Kukulkán. Cuando visité Méjico, en el año 90, se podía entrar en todos los edificios, subir a la pirámide y pasar al interior para acceder al santa santorum; ahora todo está rodeado por cuerdas que impiden el paso. Dimos una vuelta por los puestos y compramos algunos recuerdos.
Finalizada la visita fuimos a un pueblo cercano llamado Piste donde comimos en el hotel Chichén Itzá. De nuevo puedo degustar la sopa típica de la zona, sopa de lima, que está riquísima.
Por la tarde teníamos pensado hacer la Ruta de los cenotes de Cuzamá y hacia allí nos dirigimos. Se trata de una zona no muy turística y alejada de la carretera en la que han organizado una tuta turística por tres cenotes aunque la mayor curiosidad y originalidad (dado que aquí hay cenotes por todas partes) es que la ruta se hace en lo que se llaman" trucks", un invento que consiste en rústicos carromatos de madera que se deslizan por raíles y van tirados por caballos; el recorrido se hace en parte sobre trucks y en parte en motocarros. Actualmente para ser más cómodo se ha modificado con asientos; originalmente era utilizado en la época de las haciendas para transportar la planta del henequén del campo a la casa de maquinas y procesarlo. Recorrer la selva con el truck es toda una aventura rústica, tradicional y divertida.
La ruta parte de Cuzamá; llegar allí no es fácil y hay que tomar carreteras secundarias que, no obstante, están en muy buen estado. El mejor camino es ir por la carretera federal 180 de Valladolid a Mérida y desviarse a la izquierda en dirección a Xocchel, de ahí a Hokabá, luego a Homún y de este último a Cuzamá. Hay que cruzar el pueblo (nosotros tuvimos que preguntar a un policía en la plaza) y salir en dirección a un parador de las afueras. El lugar se reconoce enseguida porque hay una gran explanada con aparcamiento y algunos chiringuitos para beber algo o comprar alguna chuchería. De ahí mismo salen los raíles que te conducen a otra zona donde se toma un motocarro que te lleve de nuevo a otro truck y en este se hace un circuito por tres cenotes, muy interesantes y bonitos. La ruta dura unas dos horas y el conductor de truck te deja media hora en cada cenote para tomar un baño. 

Los cenotes que se visitan son:
Cenote Chelentún. Es el primer cenote del recorrido; el acceso es fácil con escaleras de madera tipo rústico que descienden alrededor de 20 metros entre plantas y árboles; el agua es de color azul intenso muy clara y este es el único que tiene una parte baja. La bóveda del cenote es de tipo tunel y al final es donde es más profundo.
Cenote Chacsinicché. El segundo cenote en el recorrido; actualmente de tipo cántaro, aunque con el tiempo es probable que se convierta en el tipo de paredes verticales, ya que las ráices de los árboles aumentarán en tamaño y número sobre su frágil bóveda y la romperán. Tiene unas cómodas escaleras de madera que bajan alrededor de 20 metros y llegan al nivel del agua; impresiona el color azul índigo del agua, así como su transparencia.
Cenote Bolonchojol. El último cenote y el de más difícil acceso; para entrar se descienden mediante unas escaleras de madera y totalmente verticales unos 15 metros, dándole un toque extremo; su bóveda completa, solo permite el paso de los rayos del sol por pequeños hoyos, haciendo que el agua tome colores desde azul turquesa hasta verde esmeralda, dándole una hermosa y mística vista. Este cenote está catalogado como uno de los más bonitos de Yucatán.
Nosotros solo vimos dos porque a medio paseo se desató una tremenda tormenta tropical que nos puso como una sopa; parecía que se hundía el mundo pero igual que vino se fue. En una hora ya no llovía y la carretera estaba bien para conducir. Volvimos directamente al hotel. Un baño en la piscina, cena, espectáculo del hotel y a dormir.

Miércoles, 29 de julio

Hoy nos levantamos y desayunamos tranquilamente. La primera idea era subir desde Valladolid hasta Río Lagartos, en el norte, para ver flamencos pero al final decidimos que son muchos kilómetros de ida y vuelta hasta Playa del Carmen y optamos por suspender esta excursión y cambiar la ruta. Así, decidimos volver pero no por la carretera federal directa, sino por otra que no es de pago y se desvía a Tulum pasando por la zona arqueológica de Coba. Así que visitaremos ambos yacimientos, Coba y Tulum.
En una hora más o menos llegamos al primer destino: la antigua ciudad maya de Coba que se encuentra en un enclave privilegiado, envuelta en el verde profundo de la selva tropical, elevada entre dos lagunas. 
El posible significado de Cobá podría ser de cob ‘lo que tiene humedad’ o musgo y á o ‘agua’, es decir ‘agua con musgo’ o ‘humedad de agua’, otra posibilidad que no se descarta es que signifique ‘agua turbia’, por la proximidad a unos pequeños lagos con un color muy turbio. En su apogeo tuvo una población de unos 50 000 habitantes y una extensión de ochenta kilómetros cuadrados. La mayor parte de la ciudad fue construida a mediados del período Clásico de la civilización maya, entre los años 500 y 900 de nuestra era y poseía varios templos, entre los cuales sobrevive la pirámide del Nohoch Mul de 42 metros de altura.
La mayor parte de las inscripciones del lugar datan del siglo VII y numerosas evidencias indican que la construcción y reparación de los edificios continuó hasta el siglo XIV. Es muy curiosa una estela enorme de piedra con caracteres mayas.
Para entrara al recinto se pagan 120 pesos y se puede pagar, cosa rara, con tarjeta de crédito.
En la entrada hay algún edificio pero para ver el observatorio y la gran pirámide que es lo más interesante, hay que andar 6 Kms. o se puede alquilar una bicicleta (45 pesos) o, la opción que elegimos, tomar una bicicarro en la que te llevan por todos los monumentos, dejándote tiempo para verlos, fotografiarlos e incluso subir a la pirámide, por 120. Recomendamos coger este medio porque el calor es sofocante y la zona es muy amplia.
Al salir nos compramos un coco fresco. Exquisito: primero bebemos el agua que es dulce y agradable y luego el tendero nos lo abrió y nos comimos la pulpa. Un verdadero placer.
Finalizada la visita nos dirigimos a Tulum,  la única zona arqueológica que se asienta a la orilla del mar y que es el sitio más fotogénico y fotografiado de la región y quizá del país entero. Tulum fue una fortaleza maya que vivió sus momentos de gloria al final del período clásico (cerca del año 1000 d.C.). La más icónica de sus estructuras, llamada “El Castillo”, se encuentra al borde de un acantilado desde donde se aprecian las aguas color turquesa del mar, aunque en esta ocasión el agua estaba bastante turbia por una insólita invasión de algas. Desde el desvío de la carretera se accede a un enorme aparcamiento donde hay una pequeña caseta informativa que explica las diferentes opciones para visitar las ruinas y dan un mapa. Nosotros optamos por tomar un pequeño trenecito que lleva hasta la zona arqueolígica que está como a un Km. o dos de la entrada. El paseo es agradable pero tomamos el tren porque el calor era insoportable. Al llegar a la entrada del yacimiento, hacia la izquierda se va a las taquillas y hacia la derecha sale un sendero que conduce a la famosa y paradisiaca Playa Paraíso. La entrada se puede pagar con tarjeta de crédito. 
Dimos una vuelta por allí y volvimos en el tren a la primera entrada donde hay tiendas y restaurantes. Comemos en Salciccium, un local grande, moderno y agradable, con aire acondicionado, regentado por un catalán. Es un local muy recomendable, especializado en salchichas artesanas de muchos tipos, hechas por ellos mismos. Las mejores  son la alchicha de res con pepinillos y cebolla caramelizada y encurtida,  y el chorizo yucateco con salsa chimichurri; lo acompañamos con limonada natural y cerveza, y todo por 340 pesos, algo más de 20 €. Muy recomendable, con buena música, fresquito y limpio.
Tras la comida volvimos al hotel donde pasamos el resto de la tarde descansando.

Jueves, 30 de julio

Hoy es nuestro penúltimo día en la Rivera Mayahttps://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gif que aprovechamos para conocer mejor el hotel y la zona donde estamos, o sea, Playa del Carmen.
Después del desayuno nos acercamos un rato al Club de playa en el bus gratuito del hotel. Pasamos la mañana tumbados en las hamacas, leyendo y tomando unos refrescos.
El agua de la playa sigue turbia y los operarios se dedican infatigablemente a retirar algas de la orilla con rastrillos. Una pena porque no hay ni rastro de las cristalinas y turquesas aguas caribeñas.
Después de comer descansamos un rato y nos vamos al pueblo a devolver el coche y a dar un paseo por la famosa 5ª Avenida que es el principal centro de comercio de la ciudad de Playa del Carmen. Se trata de una calle peatonal paralela a la playa donde se concentran restaurantes, tiendas, galerías de arte y artesanías. La calle estaba repleta de gente, muy animada y con un ambiente increíble.

Volvemos en taxi al hotel para cenar y ver el espectáculo de la noche.

Viernes, 31 de julio

Hoy es nuestro último día, Pasamos la mañana en la piscina.
Comemos temprano y a las 13:30 nos recogen para ir al aeropuerto. El avión despega con retraso pero llegamos a Madrid a su hora. Recogemos el coche y el día 1 a las 14:00 estábamos de vuelta en casa.


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FEZ (Febrero, 2015)

Este año el viaje de las chicas nos ha conducido a tierras marroquíes, en concreto a la fascinante ciudad de Fez cuya medina es Patrimonio de la Humanidad desde el año 1981.
Sábado, 14 de febrero
A las 7 de la mañana salíamos del Altozano en el bus, como siempre, de Francisco y Antonio con dirección al aeropuerto de Barajas de donde salía nuestro vuelo con la espantosa Ryanair.

El avión despegó en punto y en apenas dos horas aterrizábamos en Fez donde nos esperaban los chóferes del servicio de recogida que habíamos contratado (Medina Tours) y que nos llevaron hasta el riad Dar 7 Louyat (www.dar7louyat.com). El camino desde la plaza Seffarine (la más cercana) hasta la casa era un laberinto de callejuelas y callejones cada vez más estrechos, oscuros y tortuosos; la puerta estaba prácticamente escondida y no había ninguna identificación en ella, pero dentro encontramos un lugar acogedor y agradable, muy bonito aunque algo frío. (Mi crítica en Tripadvisor: http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g293733-d6401756-r255288044-Dar_7_Louyat-Fes_Fes_Boulemane_Region.html#CHECK_RATES_CONT)
Nada más llegar nos recibió Abdul, el encargado del riad, e hicimos el reparto-sorteo de las habitaciones. Dejamos el equipaje y fuimos a comer a un restaurante Le Jardín Blue, que no estaba lejos y que nos recomendó Abdul. Vino un joven del local a recogernos y con él llegamos en 5 minutos. El sitio era bonito; una típica casa con patio árabe, pero la comida no era nada especial. De hecho hemos probado cuscús mejor incluso en España. En fin, al terminar, se supone que el mismo individuo debía acompañarnos de vuelta al riad pero nos llevó, sin pedirlo, a hacer una tourné por los zocos hasta que acabamos en la tienda de alfombras de su primo y al decirle que no queríamos alfombras nos dejó tiradas en la medina (menos mal que estábamos cerca del riad) Cuando llegamos tuvimos otro problema: Aldul se había largado y no había nadie. Tuvimos que llamarlo por teléfono y esperar en el oscuro callejón en el que se encuentra el alojamiento ¾ de hora. En fin, nos acomodamos en las habitaciones y salimos por la medina a dar una vuelta por los zocos. Anduvimos deambulando por los zocos mucho tiempo, viendo tiendas y demás hasta llegar a una de las puertas de la muralla. Compramos unas provisiones en lata y unos panes y volvimos al riad para cenar y descansar. Y entonces llegó el segundo problema del día: nos perdimos. De hecho en la medina hay 9500 calles de las que 2/3 no tienen salida y hasta los propios habitantes de Fez que no han vivido en ella se pierden. Preguntamos a unos chicos y ese fue el problema, se iban uniendo a la excursión cada vez más jóvenes y cuando llegamos a la plaza Seffarine íbamos rodeadas de unos 15 chicos bastante impertinentes y pesados. Daba un poco de miedo meternos, con esa trupe tras nosotras, por los callejones oscuros que conducían a nuestra casa, pero como si fuera un milagro, apareció de repente la cocinera del riad que se enfrentó a los chicos y nos libró de ellos; volvimos juntas hasta la casa.
Cenamos en el patio que estaba iluminado de manera muy acogedora: unas latas de sardinas y atún en aceite y pan árabe que está riquísimo. Abdul nos invita a unas botellas de vino (riquísimo) en desagravio por la espera de esta tarde. Charlamo un poco después de la cena y nos vamos a dormir. El día de hoy no ha sido muy bueno, pero espero que mañana todo será mucho mejor.
Domingo, 15 de febrero
A las 8:00 tomamos el desayuno en una mesa primorosamente preparada por Abdul en la que dispuso una vajilla de cerámica marroquí y una enorme cantidad de productos típicos (además de las usuales tostadas, café…) entre los que había…¡churros marroquíes! que parecían buñuelos y se servían atados por una hoja muy alargada de una planta desconocida para mí. (en mi Málaga natal se vendían también atados por un junco)
A las 09:00 en punto ha llegado Khlafa que será nuestro guía durante todo el día de hoy. Hemos reservado un tour de seis horas (que luego han sido nueve) a través de internet con Civitatis, una empresa online que funciona de maravilla (según anteriores experiencias en otras zonas del mundo). La excursión incluye una visita de varias horas a pie por la medina y otra en autobús por las zonas de la periferia y los barrios nuevos.
Según nos informa Klafa, hoy vamos a empezar por el tour en bus para después perdernos andando por la zona vieja.
Comenzamos la visita por el Palacio Real (una de las muchas residencias que los reyes tienen diseminadas por todo el país y en la que trabajan -¡cuando no están!- unas 4000 personas). El Palacio fue construido en el siglo XIV y es uno de los más grandes y antiguos de Marruecos. Debido a su gran tamaño, el recinto se edificó fuera de la antigua medina por lo que, tras su construcción, surgió una nueva medina, Fez el-Jdid, para abastecer las necesidades de palacio. Por ello, esta ciudad se divide en tres zonas: la antigua y la nueva (como todas) y además la zona media que es esta alrededor del palacio.
En las proximidades se sitúa el Barrio Judío (Mellah) que, tras sus tiempos de gloria, yace destartalado recordando tiempos mejores y que atravesamos sin bajar del autobús. Los judíos viven aquí justo a los pies de la gran muralla en bonitas casas con grandes balcones de madera. Algunos de ellos con estupendas vistas de los jardines de palacio. Las familias viven arriba y en la parte baja tienen sus talleres. Llegaron aquí cuando fueron expulsados de España en el siglo XIV y muchos fueron acogidos como trabajadores de palacio.
De ahí nos dirigimos a la Borj Nord (Puerta Norte) y el Museo de las Armas (en lo alto de una colina) desde donde se divisa una de las mejores vistas de Fez que incluyen las dos fortalezas (norte y sur) sobre los dos montes que flanquean la ciudad y que se hallan conectadas a través de un túnel (por debajo incluso del río) desde el que se accede al interior de la medina por dos salidas con el fin de poder tener un acceso rápido en caso de conflictos o revueltas de su población.
Una vez de vuelta en la parte baja visitamos, en las afueras, una fábrica de cerámica artesana donde se realizan los mosaicos de manera totalmente manual.
A continuación ascendemos de nuevo a la zona más alta de la ciudad donde se encuentran las famosas Tumbas Merinies. Llegar aquí tiene un doble premio: por un lado, se puede disfrutar de las magníficas ruinas de las Tumbas sobre la colina El-Kolla y, por otro, tener a nuestros pies la mejor vista de la emblemática ciudad marroquí.
Dotada de una atmósfera muy especial, esta antigua necrópolis fue levantada para albergar los restos de los últimos sultanes meriníes y, aunque ahora apenas quedan unos muros en ruinas, aún se puede apreciar la belleza de estas tumbas que gozaron en su tiempo de una gran majestuosidad, gracias a sus mármoles, tallados y sus epitafios.
Construidas en el siglo XIV durante el reinado de la dinastía Meriní, que duró más de 200 años, estas tumbas son uno de los monumentos más sobresalientes de esos años.
La necrópolis se alza en lo alto de una de las colinas de olivos que enmarcan la ciudad, concretamente al norte de Fez el- Bali, la ciuda vieja. Desde allí, se puede divisar una panorámica espléndida que abarca toda la medina, presidida por la mezquita de Al-Qarawiyyi; Fès-Djid, con el palacio real lindando con el mellah (antigua judería) y, por supuesto, la ciudad nueva, con sus avenidas y parques de estilo afrancesado que contrastan tanto con la estructura de callejuelas alborotadas que ofrece la parte antigua.
Al iniciar el descenso pudimos contemplar por doquier las pieles que los fasíes dejan extendidas sobre las plantas al sol para secarlas.
Desde aquí nos dirigimos a la puerta más conocida y bonita de la muralla desde la que comenzamos el recorrido a pie. 


La Puerta Bab Bou Jeloud es el acceso principal a la Medina Fez el-Bali, la zona más antigua y con más encanto de la ciudad. Se trata de una preciosa puerta monumental, construida en 1913, compuesta por tres arcos de herradura simétricos embellecidos con una rica decoración compuesta por azulejos de tonos azulados; también es conocida como Bab Boujloud o "La Puerta Azul".
La medina de Fez ocupa 350 hectáreas, el equivalente a otros tantos campos de fútbol, y toda ella fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981; se dice que es la zona peatonal más grande del mundo.
El paseo comienza en la preciosa Medersa Attarin, construida entre los años 1323 y 1325 bajo las órdenes del sultán Abu Said, que destacó por ser una de las principales escuelas de la religión coránica en las que los estudiantes podían residir durante sus estudios. La medersa se extiende en torno a un patio abierto en cuyo centro se alza una fuente de mármol. Al final del patio, una cúpula de madera de cedro con abundante ornamentación cubre la sala para la oración en la que se puede contemplar el mihrab señalando la dirección de la Meca.
Las paredes de la medersa están decoradas con preciosos mosaicos sobre los que se encuentran inscritas algunas frases del Corán a modo de decoración. En la parte superior de las paredes se puede apreciar un detallado trabajo realizado en estuco representando cuidados motivos florales. Las plantas superiores del edificio están ocupadas por las pequeñas habitaciones en las que los jóvenes estudiantes pasaban sus años de estudio.
Desde aquí y tras callejear por varias zonas y zocos hicimos un alto para comer en un restaurante marroquí recomendado por el guía; un acierto pues la comida era fabulosa y el lugar espectacular. Ha sido la mejor del viaje.
Continuamos la excursón vrecorriendo algunos otros lugares de interés y algunas tiendas de perfumes, aceites y hierbas o alfombras donde nos conduce (¡cómo no!) el guía.
Uno de los más importantes puntos de la visita fue el Mausoleo de Mulay Idris II, cuyo cuerpo fue hallado cinco siglos después de su muerte, en el año 1308, en perfecto estado por lo que se le consideró desde ese momento santo patrón y la zona se transformó en un lugar sagrado (Zaouia).
El mausoleo, localizado en la Place de Marche Verte, comenzó su construcción en el año 1717 y se vio finalizado en 1824, momento desde el cual se convirtió en el lugar más sagrado de la medina.
Con el paso de los siglos el edificio ha sido modificado y reemplazado casi por completo. En el siglo XVIII, Mulay Ismail lo modificó en un estilo alauita.
El edificio forma parte de un conjunto arquitectónico compuesto por la casa el Quitún (supuesta residencia de Mulay Idrís), la Mezquita al Asraf, la fuente y la casa del wudú (lugar para realizar las abluciones). El conjunto, conocido como al-haram (lo prohibido), constituía un lugar en el que los musulmanes podían encontrar refugio y asilo.
El santuario se encuentra abierto las 24 horas del día, siempre disponible para que los centenares de musulmanes que se acercan desde todas partes de Marruecos puedan obtener su bendición. No obstante, al igual que en la mayoría de los lugares de la ciudad, los no musulmanes tienen prohibida la entrada al santuario, pero conviene acercarse hasta la puerta para contemplarlo desde el exterior y conseguir una pequeña panorámica del imponente edificio.
A continuación nos dirigimos a la Place el-Nejjarine donde se erige la fuente más bonita y antigua de Fez, decorada con bellos mosaicos; y el Fondac o Caravansar el-Nejjarine (una antigua fonda para caravanas), que alberga hoy el pequeño Museo de la Madera; entre ambos pudimos contemplar la primera oficina postal abierta en el continente africano.
El broche de oro a la excursión lo puso la visita de la Curtiduría Chouwara, las tenerías donde curten y tiñen la piel los cordobanes que llevan cinco siglos dando fama a Fez. El intenso hedor se distingue desde lejos y antes de subir a la tienda desde donde las contemplamos nos obsequiaron con unas hojas de hierbabuena que apenas mitigan la mezcla olores de las pieles crudas, que primero se tratan con cal viva para eliminar los restos de carne y grasa que puedan llevar adheridos, y luego con los componentes esenciales que se usan para teñirlas de mil colores: heces de paloma y orina de vaca con ceniza. Aunque luego se añadan, siguiendo la tradición de solo utilizar productos de origen natural, cromo, tanino, alumbre, índigo, azafrán y amapola para darles color, el aroma no cambia mucho. No obstante, el olor aquí es bastante soportable; nada en comparación con la pestilencia de las tenerías de Marrakech.
Pero el espectáculo supera todos los inconvenientes. Desde las terrazas de las tiendas de artículos de piel, se observa el duro trabajo que ha variado muy poco desde la época medieval, y las condiciones higiénicas y de seguridad que han variado igual de poco. Es una combinación multicolor que parece salida de un artista del cubismo. En la curtiduría Swara, la más grande de las cuatro que actualmente existen en la Medina, los curtidores, a veces niños o adolescentes, se sumergen hasta las rodillas en las tinajas de colores y pisotean las pieles de oveja, cabra, buey o camello hasta que se impregnan completamente, luego, con considerable esfuerzo porque han multiplicado su peso, las ponen a secar al sol, a un sol que en verano puede ser de 50 grados.
El resultado final son unas pieles de gran suavidad, color uniforme y apreciada calidad. Subimos a una terraza, aun más alta, desde donde había unas vistas impresionantes. Y para bajar a la calle hay que recorrer las varias plantas de venta de artículos de piel en la que todas compramos algún recuerdo.
Anochecía y llovizneaba al salir de nuevo a la calle. Compramos algo para la cena y volvimos, acompañadas por Khlafa, hasta la plaza Seffarine y de ahí, solas, al riad.
Para mañana hemos reservado una excursión de todo el día a Meknes y Bolubilis.
Lunes, 16 de febrero

Desayuno, igual que ayer, a las 08:00. A las 09:00 hemos quedado en la plaza Seffarine cerca del riad. Esta pequeña plazoleta está ubicada en el corazón de Fez el-Bali y en ella aún se conserva uno de los oficios más antiguos de Fez, el de los caldereros artesanos. Los caldereros se dedican a trabajar el cobre desde tiempos inmemoriales para producir algunos artículos como teteras, bandejas, ollas y otros recipientes trabajados en cobre rojo. Aunque la plaza es conocida sobre todo por el oficio que se lleva a cabo en ella, también se pueden descubrir algunos prestigiosos monumentos como la Biblioteca Karaouine y la Madraza Seffarine.
A la hora en punto nos esperaban los dos chóferes que serían al mismo tiempo nuestros guías-acompañantes durante el día de hoy. Salimos en dos furgonetas de seis plazas y en menos de dos horas, realizando alguna parada en bonitos enclaves del camino, aparcábamos en el parking de la ciudad romana de Bolubilis donde nos esperaba un guía que hablaba español bastante bien.
En esta zona se encuentran los restos arqueológicos mejor conservados y más visitados de Marruecos. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997 y se encuentra situada a 33 kilómetros al norte de Meknes. Su nombre en árabe se pronuncia Oualili o Walili.
Las excavaciones muestran que los primeros habitantes de la ciudad fueron los cartagineses en el siglo III a.C. Posteriormente, en el año 42 d.C., la ciudad fue anexionada al Imperio Romano.
La ciudad romana llegó a contar con más de 20.000 personas dedicadas en su mayoría al cultivo del trigo, ya que la producción la ordenaba Roma. Volúbilis formó parte del Imperio Romano hasta finales del siglo III, cuando quedó en manos de bereberes, griegos, sirios y judíos.

A finales del siglo VIII, Idrís I hizo de Volúbilis su refugio. Tras proclamarse emir manifestando ser descendiente directo de Mahoma, Idrís I convirtió Volúbilis en el punto de nacimiento del Islam en la zona.
Volúbilis quedó en abandono en el siglo XVIII, cuando el terremoto de Lisboa destruyó sus edificios y la ciudad fue saqueada para construir palacios en Meknes.
Durante una hora recorrimos la zona visitando los lugares más emblemáticos como el Foro, la Basílica y Templo de Júpiter: situados en la parte alta de Volúbilis, estos tres lugares eran el centro de la vida pública de la ciudad. Las Termas: aunque su estado es bastante descuidado, aún se puede apreciar el sistema de calefacción utilizado por las termas romanas. A su lado se encuentran las letrinas comunales. El Arco de Caracalla: construido en mármol en el año 217 en honor al emperador y su madre. Cuando se construyó estaba coronado por una cuadriga de bronce.
Es curioso que todas las columnas se hallan coronadas por nidos de cigüeñas que ya no emigran y viven en la ciudad durante todo el año.
Pero sin duda lo más famoso de Volúbilis son sus mosaicos: Las Pruebas de Hércules, El Baño de las Ninfas, el Acróbata, Baco y Ariadna o el Baño de Diana son algunos de los más famosos.

Finalizada la visita nos dirigimos a la ciudad más modesta de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos: Meknes.
Los primeros habitantes de Meknes fueron los meknasíes, una tribu bereber que dio nombre a la ciudad. Se asentaron en el siglo X y poco a poco fueron ampliando la medina.
En el siglo XVII Mulay Ismaíl estableció en Meknes la capital de Marruecos, creando las murallas y sus magníficas puertas. Su fallecimiento, en 1727, hizo que la ciudad comenzara su decadencia hasta perder el título de capital poco tiempo después.
La llegada de los franceses en el siglo XX hizo que Meknes se recuperara económicamente.La visita comenzó por Heri es-Souani, unas enormes naves que fueron en su tiempo los establos reales de Mulay Ismaíl, con capacidad para 12.000 caballos.

Es un edificio enorme y es bastante interesante. Allí nos atendió un guía loco que se pasó toda la visita gritando y haciendo aspavientos, tomando unas fotos fatales entre y todo ello corriendo; no nos dejaba ni detenernos para hacer nuestras propias fotos. Gritaba y gritaba sin parar. Y lo pero es que, al final, nos pidió propina, después de haber pagado la entrada,  y le dimos 10 € (1€ por cabeza). Un despropósito. Es obvio que fue un error. En fin.


Nos hicimos unas fotos en un lago artificial que había junto a las las caballerizas y nos dirigimos a un restaurante cerca del mausoleo de Mulay Ismaíl en que degustamos una sabrosa comida al sol sentadas en una mesa de la azotea. Un placer.
Finalizada lka comida realizamos una de las visitas emblemáticas de la ciudad: el mausoleo que constituye la tumba del sultán que marcó los orígenes del Marruecos actual: Mulay Ismaíl, "el sanguinario", que supuestamente engendró a cientos de niños, o puede que más de 1.000. Ahora, con las simulaciones por ordenador se sugiere que esto sólo podría haber sido posible si el gobernante hubiese tenido relaciones sexuales una vez al día durante 32 años. Su gobierno fue el más largo de la historia de Marruecos.
El mausoleo se encuentra dentro la soberbia mezquita que lleva el mismo nombre, y una de las pocas en Marruecos donde pueden acceder las personas que no profesan la religión musulmana. La visita y la entrada son gratis.
 A continuación dimos un paseo hasta la plaza el-Hedim que es a Meknes lo que la Plaza de Jamaa el Fna es a Marrakech, el centro de la vida pública y cultural de la ciudad.
Los restaurantes y las terrazas se han instalado en las zonas donde antaño se presenciaban las ejecuciones públicas y los anuncios reales. Toda la plaza rebosaba de gente y de animación. Entramos al mercado para dar una vuelta y ver los productos típicos y de ahí callejeamos un poco por los zocos, compramos algunos recuerdos y volvimos al punto de encuentro con los chóferes para volver a Fez.
Al llegar les pedimos que nos dejaran en la zona nueva y pasamos el resto de la tarde paseando por ella y comprando algunos regalos en la tienda de un compatriota, Paco de Zaragoza, que llevaba viviendo 12 años en Fez y que estaba liquidando la tienda para volverse a Zaragoza. “El mejor momento para volver”-pensamos.
Esta noche le pedimos a Abdul una cena de despedida en el riad pero nos ha gastado una jugarreta. Al llegar no había cena sino que nos llevó a un restaurante (probablemente de algún colega) donde no pudimos ni tomar una cerveza y donde tuvimos que cenar muy rápido ya que parecía que estaban deseando que termináramos y nos fuéramos. La comida estaba muy rica pero no queríamos ese tipo de cena ni en ese sitio. Hubo algunas otras cosas raras por parte de Abdul (que aclaro en la crítica del Tripadvisor). Al acabar la cena nos acompañó al riad aunque estábamos un poco molestas por la “sorpresa”. Tertulia en el patio y a dormir

Martes, 17 de febrero

Tras el desayuno preparamos el equipaje y recogimos todo. 

  
Salimos a dar una vuelta pero estaba casi todo cerrado y además llovía y granizaba de vez en cuando así que volvimos al riad. Entes de llegar, en la plaza, nos aborda Abdul que dice que nos invita a un té verde en la azotea de una casa de la plaza. Subimos. Las vistas eran preciosas y, para despedirnos, salió el sol. Pero al final tuvimos que pagar nosotras e incluso invitarlo a él. En fin, resultó un poco “fullero”.
Desde la terraza se veía toda la ciudad que ofrecía una imagen espectacular bajo el cielo completamente azul turquesa y gris.
A las 11:30 salimos hacia el punto de recogida de los taxis que nos llevaron hasta el aeropuerto. Fez nos despidió con un cielo tremendamente encapotado, casi negro.
En dos horas llegamos a Madrid. Cogimos el bus que nos esperaba y a las 20:30 estábamos en casa. El año que viene hemos decidido que toca Roma, la ciudad eterna.

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