FEZ (Febrero, 2015)

Este año el viaje de las chicas nos ha conducido a tierras marroquíes, en concreto a la fascinante ciudad de Fez cuya medina es Patrimonio de la Humanidad desde el año 1981.
Sábado, 14 de febrero
A las 7 de la mañana salíamos del Altozano en el bus, como siempre, de Francisco y Antonio con dirección al aeropuerto de Barajas de donde salía nuestro vuelo con la espantosa Ryanair.

El avión despegó en punto y en apenas dos horas aterrizábamos en Fez donde nos esperaban los chóferes del servicio de recogida que habíamos contratado (Medina Tours) y que nos llevaron hasta el riad Dar 7 Louyat (www.dar7louyat.com). El camino desde la plaza Seffarine (la más cercana) hasta la casa era un laberinto de callejuelas y callejones cada vez más estrechos, oscuros y tortuosos; la puerta estaba prácticamente escondida y no había ninguna identificación en ella, pero dentro encontramos un lugar acogedor y agradable, muy bonito aunque algo frío. (Mi crítica en Tripadvisor: http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g293733-d6401756-r255288044-Dar_7_Louyat-Fes_Fes_Boulemane_Region.html#CHECK_RATES_CONT)
Nada más llegar nos recibió Abdul, el encargado del riad, e hicimos el reparto-sorteo de las habitaciones. Dejamos el equipaje y fuimos a comer a un restaurante Le Jardín Blue, que no estaba lejos y que nos recomendó Abdul. Vino un joven del local a recogernos y con él llegamos en 5 minutos. El sitio era bonito; una típica casa con patio árabe, pero la comida no era nada especial. De hecho hemos probado cuscús mejor incluso en España. En fin, al terminar, se supone que el mismo individuo debía acompañarnos de vuelta al riad pero nos llevó, sin pedirlo, a hacer una tourné por los zocos hasta que acabamos en la tienda de alfombras de su primo y al decirle que no queríamos alfombras nos dejó tiradas en la medina (menos mal que estábamos cerca del riad) Cuando llegamos tuvimos otro problema: Aldul se había largado y no había nadie. Tuvimos que llamarlo por teléfono y esperar en el oscuro callejón en el que se encuentra el alojamiento ¾ de hora. En fin, nos acomodamos en las habitaciones y salimos por la medina a dar una vuelta por los zocos. Anduvimos deambulando por los zocos mucho tiempo, viendo tiendas y demás hasta llegar a una de las puertas de la muralla. Compramos unas provisiones en lata y unos panes y volvimos al riad para cenar y descansar. Y entonces llegó el segundo problema del día: nos perdimos. De hecho en la medina hay 9500 calles de las que 2/3 no tienen salida y hasta los propios habitantes de Fez que no han vivido en ella se pierden. Preguntamos a unos chicos y ese fue el problema, se iban uniendo a la excursión cada vez más jóvenes y cuando llegamos a la plaza Seffarine íbamos rodeadas de unos 15 chicos bastante impertinentes y pesados. Daba un poco de miedo meternos, con esa trupe tras nosotras, por los callejones oscuros que conducían a nuestra casa, pero como si fuera un milagro, apareció de repente la cocinera del riad que se enfrentó a los chicos y nos libró de ellos; volvimos juntas hasta la casa.
Cenamos en el patio que estaba iluminado de manera muy acogedora: unas latas de sardinas y atún en aceite y pan árabe que está riquísimo. Abdul nos invita a unas botellas de vino (riquísimo) en desagravio por la espera de esta tarde. Charlamo un poco después de la cena y nos vamos a dormir. El día de hoy no ha sido muy bueno, pero espero que mañana todo será mucho mejor.
Domingo, 15 de febrero
A las 8:00 tomamos el desayuno en una mesa primorosamente preparada por Abdul en la que dispuso una vajilla de cerámica marroquí y una enorme cantidad de productos típicos (además de las usuales tostadas, café…) entre los que había…¡churros marroquíes! que parecían buñuelos y se servían atados por una hoja muy alargada de una planta desconocida para mí. (en mi Málaga natal se vendían también atados por un junco)
A las 09:00 en punto ha llegado Khlafa que será nuestro guía durante todo el día de hoy. Hemos reservado un tour de seis horas (que luego han sido nueve) a través de internet con Civitatis, una empresa online que funciona de maravilla (según anteriores experiencias en otras zonas del mundo). La excursión incluye una visita de varias horas a pie por la medina y otra en autobús por las zonas de la periferia y los barrios nuevos.
Según nos informa Klafa, hoy vamos a empezar por el tour en bus para después perdernos andando por la zona vieja.
Comenzamos la visita por el Palacio Real (una de las muchas residencias que los reyes tienen diseminadas por todo el país y en la que trabajan -¡cuando no están!- unas 4000 personas). El Palacio fue construido en el siglo XIV y es uno de los más grandes y antiguos de Marruecos. Debido a su gran tamaño, el recinto se edificó fuera de la antigua medina por lo que, tras su construcción, surgió una nueva medina, Fez el-Jdid, para abastecer las necesidades de palacio. Por ello, esta ciudad se divide en tres zonas: la antigua y la nueva (como todas) y además la zona media que es esta alrededor del palacio.
En las proximidades se sitúa el Barrio Judío (Mellah) que, tras sus tiempos de gloria, yace destartalado recordando tiempos mejores y que atravesamos sin bajar del autobús. Los judíos viven aquí justo a los pies de la gran muralla en bonitas casas con grandes balcones de madera. Algunos de ellos con estupendas vistas de los jardines de palacio. Las familias viven arriba y en la parte baja tienen sus talleres. Llegaron aquí cuando fueron expulsados de España en el siglo XIV y muchos fueron acogidos como trabajadores de palacio.
De ahí nos dirigimos a la Borj Nord (Puerta Norte) y el Museo de las Armas (en lo alto de una colina) desde donde se divisa una de las mejores vistas de Fez que incluyen las dos fortalezas (norte y sur) sobre los dos montes que flanquean la ciudad y que se hallan conectadas a través de un túnel (por debajo incluso del río) desde el que se accede al interior de la medina por dos salidas con el fin de poder tener un acceso rápido en caso de conflictos o revueltas de su población.
Una vez de vuelta en la parte baja visitamos, en las afueras, una fábrica de cerámica artesana donde se realizan los mosaicos de manera totalmente manual.
A continuación ascendemos de nuevo a la zona más alta de la ciudad donde se encuentran las famosas Tumbas Merinies. Llegar aquí tiene un doble premio: por un lado, se puede disfrutar de las magníficas ruinas de las Tumbas sobre la colina El-Kolla y, por otro, tener a nuestros pies la mejor vista de la emblemática ciudad marroquí.
Dotada de una atmósfera muy especial, esta antigua necrópolis fue levantada para albergar los restos de los últimos sultanes meriníes y, aunque ahora apenas quedan unos muros en ruinas, aún se puede apreciar la belleza de estas tumbas que gozaron en su tiempo de una gran majestuosidad, gracias a sus mármoles, tallados y sus epitafios.
Construidas en el siglo XIV durante el reinado de la dinastía Meriní, que duró más de 200 años, estas tumbas son uno de los monumentos más sobresalientes de esos años.
La necrópolis se alza en lo alto de una de las colinas de olivos que enmarcan la ciudad, concretamente al norte de Fez el- Bali, la ciuda vieja. Desde allí, se puede divisar una panorámica espléndida que abarca toda la medina, presidida por la mezquita de Al-Qarawiyyi; Fès-Djid, con el palacio real lindando con el mellah (antigua judería) y, por supuesto, la ciudad nueva, con sus avenidas y parques de estilo afrancesado que contrastan tanto con la estructura de callejuelas alborotadas que ofrece la parte antigua.
Al iniciar el descenso pudimos contemplar por doquier las pieles que los fasíes dejan extendidas sobre las plantas al sol para secarlas.
Desde aquí nos dirigimos a la puerta más conocida y bonita de la muralla desde la que comenzamos el recorrido a pie. 


La Puerta Bab Bou Jeloud es el acceso principal a la Medina Fez el-Bali, la zona más antigua y con más encanto de la ciudad. Se trata de una preciosa puerta monumental, construida en 1913, compuesta por tres arcos de herradura simétricos embellecidos con una rica decoración compuesta por azulejos de tonos azulados; también es conocida como Bab Boujloud o "La Puerta Azul".
La medina de Fez ocupa 350 hectáreas, el equivalente a otros tantos campos de fútbol, y toda ella fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981; se dice que es la zona peatonal más grande del mundo.
El paseo comienza en la preciosa Medersa Attarin, construida entre los años 1323 y 1325 bajo las órdenes del sultán Abu Said, que destacó por ser una de las principales escuelas de la religión coránica en las que los estudiantes podían residir durante sus estudios. La medersa se extiende en torno a un patio abierto en cuyo centro se alza una fuente de mármol. Al final del patio, una cúpula de madera de cedro con abundante ornamentación cubre la sala para la oración en la que se puede contemplar el mihrab señalando la dirección de la Meca.
Las paredes de la medersa están decoradas con preciosos mosaicos sobre los que se encuentran inscritas algunas frases del Corán a modo de decoración. En la parte superior de las paredes se puede apreciar un detallado trabajo realizado en estuco representando cuidados motivos florales. Las plantas superiores del edificio están ocupadas por las pequeñas habitaciones en las que los jóvenes estudiantes pasaban sus años de estudio.
Desde aquí y tras callejear por varias zonas y zocos hicimos un alto para comer en un restaurante marroquí recomendado por el guía; un acierto pues la comida era fabulosa y el lugar espectacular. Ha sido la mejor del viaje.
Continuamos la excursón vrecorriendo algunos otros lugares de interés y algunas tiendas de perfumes, aceites y hierbas o alfombras donde nos conduce (¡cómo no!) el guía.
Uno de los más importantes puntos de la visita fue el Mausoleo de Mulay Idris II, cuyo cuerpo fue hallado cinco siglos después de su muerte, en el año 1308, en perfecto estado por lo que se le consideró desde ese momento santo patrón y la zona se transformó en un lugar sagrado (Zaouia).
El mausoleo, localizado en la Place de Marche Verte, comenzó su construcción en el año 1717 y se vio finalizado en 1824, momento desde el cual se convirtió en el lugar más sagrado de la medina.
Con el paso de los siglos el edificio ha sido modificado y reemplazado casi por completo. En el siglo XVIII, Mulay Ismail lo modificó en un estilo alauita.
El edificio forma parte de un conjunto arquitectónico compuesto por la casa el Quitún (supuesta residencia de Mulay Idrís), la Mezquita al Asraf, la fuente y la casa del wudú (lugar para realizar las abluciones). El conjunto, conocido como al-haram (lo prohibido), constituía un lugar en el que los musulmanes podían encontrar refugio y asilo.
El santuario se encuentra abierto las 24 horas del día, siempre disponible para que los centenares de musulmanes que se acercan desde todas partes de Marruecos puedan obtener su bendición. No obstante, al igual que en la mayoría de los lugares de la ciudad, los no musulmanes tienen prohibida la entrada al santuario, pero conviene acercarse hasta la puerta para contemplarlo desde el exterior y conseguir una pequeña panorámica del imponente edificio.
A continuación nos dirigimos a la Place el-Nejjarine donde se erige la fuente más bonita y antigua de Fez, decorada con bellos mosaicos; y el Fondac o Caravansar el-Nejjarine (una antigua fonda para caravanas), que alberga hoy el pequeño Museo de la Madera; entre ambos pudimos contemplar la primera oficina postal abierta en el continente africano.
El broche de oro a la excursión lo puso la visita de la Curtiduría Chouwara, las tenerías donde curten y tiñen la piel los cordobanes que llevan cinco siglos dando fama a Fez. El intenso hedor se distingue desde lejos y antes de subir a la tienda desde donde las contemplamos nos obsequiaron con unas hojas de hierbabuena que apenas mitigan la mezcla olores de las pieles crudas, que primero se tratan con cal viva para eliminar los restos de carne y grasa que puedan llevar adheridos, y luego con los componentes esenciales que se usan para teñirlas de mil colores: heces de paloma y orina de vaca con ceniza. Aunque luego se añadan, siguiendo la tradición de solo utilizar productos de origen natural, cromo, tanino, alumbre, índigo, azafrán y amapola para darles color, el aroma no cambia mucho. No obstante, el olor aquí es bastante soportable; nada en comparación con la pestilencia de las tenerías de Marrakech.
Pero el espectáculo supera todos los inconvenientes. Desde las terrazas de las tiendas de artículos de piel, se observa el duro trabajo que ha variado muy poco desde la época medieval, y las condiciones higiénicas y de seguridad que han variado igual de poco. Es una combinación multicolor que parece salida de un artista del cubismo. En la curtiduría Swara, la más grande de las cuatro que actualmente existen en la Medina, los curtidores, a veces niños o adolescentes, se sumergen hasta las rodillas en las tinajas de colores y pisotean las pieles de oveja, cabra, buey o camello hasta que se impregnan completamente, luego, con considerable esfuerzo porque han multiplicado su peso, las ponen a secar al sol, a un sol que en verano puede ser de 50 grados.
El resultado final son unas pieles de gran suavidad, color uniforme y apreciada calidad. Subimos a una terraza, aun más alta, desde donde había unas vistas impresionantes. Y para bajar a la calle hay que recorrer las varias plantas de venta de artículos de piel en la que todas compramos algún recuerdo.
Anochecía y llovizneaba al salir de nuevo a la calle. Compramos algo para la cena y volvimos, acompañadas por Khlafa, hasta la plaza Seffarine y de ahí, solas, al riad.
Para mañana hemos reservado una excursión de todo el día a Meknes y Bolubilis.
Lunes, 16 de febrero

Desayuno, igual que ayer, a las 08:00. A las 09:00 hemos quedado en la plaza Seffarine cerca del riad. Esta pequeña plazoleta está ubicada en el corazón de Fez el-Bali y en ella aún se conserva uno de los oficios más antiguos de Fez, el de los caldereros artesanos. Los caldereros se dedican a trabajar el cobre desde tiempos inmemoriales para producir algunos artículos como teteras, bandejas, ollas y otros recipientes trabajados en cobre rojo. Aunque la plaza es conocida sobre todo por el oficio que se lleva a cabo en ella, también se pueden descubrir algunos prestigiosos monumentos como la Biblioteca Karaouine y la Madraza Seffarine.
A la hora en punto nos esperaban los dos chóferes que serían al mismo tiempo nuestros guías-acompañantes durante el día de hoy. Salimos en dos furgonetas de seis plazas y en menos de dos horas, realizando alguna parada en bonitos enclaves del camino, aparcábamos en el parking de la ciudad romana de Bolubilis donde nos esperaba un guía que hablaba español bastante bien.
En esta zona se encuentran los restos arqueológicos mejor conservados y más visitados de Marruecos. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997 y se encuentra situada a 33 kilómetros al norte de Meknes. Su nombre en árabe se pronuncia Oualili o Walili.
Las excavaciones muestran que los primeros habitantes de la ciudad fueron los cartagineses en el siglo III a.C. Posteriormente, en el año 42 d.C., la ciudad fue anexionada al Imperio Romano.
La ciudad romana llegó a contar con más de 20.000 personas dedicadas en su mayoría al cultivo del trigo, ya que la producción la ordenaba Roma. Volúbilis formó parte del Imperio Romano hasta finales del siglo III, cuando quedó en manos de bereberes, griegos, sirios y judíos.

A finales del siglo VIII, Idrís I hizo de Volúbilis su refugio. Tras proclamarse emir manifestando ser descendiente directo de Mahoma, Idrís I convirtió Volúbilis en el punto de nacimiento del Islam en la zona.
Volúbilis quedó en abandono en el siglo XVIII, cuando el terremoto de Lisboa destruyó sus edificios y la ciudad fue saqueada para construir palacios en Meknes.
Durante una hora recorrimos la zona visitando los lugares más emblemáticos como el Foro, la Basílica y Templo de Júpiter: situados en la parte alta de Volúbilis, estos tres lugares eran el centro de la vida pública de la ciudad. Las Termas: aunque su estado es bastante descuidado, aún se puede apreciar el sistema de calefacción utilizado por las termas romanas. A su lado se encuentran las letrinas comunales. El Arco de Caracalla: construido en mármol en el año 217 en honor al emperador y su madre. Cuando se construyó estaba coronado por una cuadriga de bronce.
Es curioso que todas las columnas se hallan coronadas por nidos de cigüeñas que ya no emigran y viven en la ciudad durante todo el año.
Pero sin duda lo más famoso de Volúbilis son sus mosaicos: Las Pruebas de Hércules, El Baño de las Ninfas, el Acróbata, Baco y Ariadna o el Baño de Diana son algunos de los más famosos.

Finalizada la visita nos dirigimos a la ciudad más modesta de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos: Meknes.
Los primeros habitantes de Meknes fueron los meknasíes, una tribu bereber que dio nombre a la ciudad. Se asentaron en el siglo X y poco a poco fueron ampliando la medina.
En el siglo XVII Mulay Ismaíl estableció en Meknes la capital de Marruecos, creando las murallas y sus magníficas puertas. Su fallecimiento, en 1727, hizo que la ciudad comenzara su decadencia hasta perder el título de capital poco tiempo después.
La llegada de los franceses en el siglo XX hizo que Meknes se recuperara económicamente.La visita comenzó por Heri es-Souani, unas enormes naves que fueron en su tiempo los establos reales de Mulay Ismaíl, con capacidad para 12.000 caballos.

Es un edificio enorme y es bastante interesante. Allí nos atendió un guía loco que se pasó toda la visita gritando y haciendo aspavientos, tomando unas fotos fatales entre y todo ello corriendo; no nos dejaba ni detenernos para hacer nuestras propias fotos. Gritaba y gritaba sin parar. Y lo pero es que, al final, nos pidió propina, después de haber pagado la entrada,  y le dimos 10 € (1€ por cabeza). Un despropósito. Es obvio que fue un error. En fin.


Nos hicimos unas fotos en un lago artificial que había junto a las las caballerizas y nos dirigimos a un restaurante cerca del mausoleo de Mulay Ismaíl en que degustamos una sabrosa comida al sol sentadas en una mesa de la azotea. Un placer.
Finalizada lka comida realizamos una de las visitas emblemáticas de la ciudad: el mausoleo que constituye la tumba del sultán que marcó los orígenes del Marruecos actual: Mulay Ismaíl, "el sanguinario", que supuestamente engendró a cientos de niños, o puede que más de 1.000. Ahora, con las simulaciones por ordenador se sugiere que esto sólo podría haber sido posible si el gobernante hubiese tenido relaciones sexuales una vez al día durante 32 años. Su gobierno fue el más largo de la historia de Marruecos.
El mausoleo se encuentra dentro la soberbia mezquita que lleva el mismo nombre, y una de las pocas en Marruecos donde pueden acceder las personas que no profesan la religión musulmana. La visita y la entrada son gratis.
 A continuación dimos un paseo hasta la plaza el-Hedim que es a Meknes lo que la Plaza de Jamaa el Fna es a Marrakech, el centro de la vida pública y cultural de la ciudad.
Los restaurantes y las terrazas se han instalado en las zonas donde antaño se presenciaban las ejecuciones públicas y los anuncios reales. Toda la plaza rebosaba de gente y de animación. Entramos al mercado para dar una vuelta y ver los productos típicos y de ahí callejeamos un poco por los zocos, compramos algunos recuerdos y volvimos al punto de encuentro con los chóferes para volver a Fez.
Al llegar les pedimos que nos dejaran en la zona nueva y pasamos el resto de la tarde paseando por ella y comprando algunos regalos en la tienda de un compatriota, Paco de Zaragoza, que llevaba viviendo 12 años en Fez y que estaba liquidando la tienda para volverse a Zaragoza. “El mejor momento para volver”-pensamos.
Esta noche le pedimos a Abdul una cena de despedida en el riad pero nos ha gastado una jugarreta. Al llegar no había cena sino que nos llevó a un restaurante (probablemente de algún colega) donde no pudimos ni tomar una cerveza y donde tuvimos que cenar muy rápido ya que parecía que estaban deseando que termináramos y nos fuéramos. La comida estaba muy rica pero no queríamos ese tipo de cena ni en ese sitio. Hubo algunas otras cosas raras por parte de Abdul (que aclaro en la crítica del Tripadvisor). Al acabar la cena nos acompañó al riad aunque estábamos un poco molestas por la “sorpresa”. Tertulia en el patio y a dormir

Martes, 17 de febrero

Tras el desayuno preparamos el equipaje y recogimos todo. 

  
Salimos a dar una vuelta pero estaba casi todo cerrado y además llovía y granizaba de vez en cuando así que volvimos al riad. Entes de llegar, en la plaza, nos aborda Abdul que dice que nos invita a un té verde en la azotea de una casa de la plaza. Subimos. Las vistas eran preciosas y, para despedirnos, salió el sol. Pero al final tuvimos que pagar nosotras e incluso invitarlo a él. En fin, resultó un poco “fullero”.
Desde la terraza se veía toda la ciudad que ofrecía una imagen espectacular bajo el cielo completamente azul turquesa y gris.
A las 11:30 salimos hacia el punto de recogida de los taxis que nos llevaron hasta el aeropuerto. Fez nos despidió con un cielo tremendamente encapotado, casi negro.
En dos horas llegamos a Madrid. Cogimos el bus que nos esperaba y a las 20:30 estábamos en casa. El año que viene hemos decidido que toca Roma, la ciudad eterna.

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ISLAS AZORES: Terceira. (Navidad, 2014)

Este año hemos decidido, a última hora, pasar las vacaciones de Navidad en las islas Azores, en concreto en Terceira. La razón es sencilla: el precio, ya que por unos 600€ hemos reservado un paquete que incluye el vuelo directo desde Madrid, 6 días en un hotel de 5* en régimen de media pensión, traslados y un coche para los 5 días de estancia. Nos ha parecido bastante barato. El paquete básico valía menos de 400€.

Viernes, 26 de diciembre
Partimos hacia Madrid a media tarde para dormir en el SHS donde dejaremos el coche hasta nuestro regreso. Cenamos unos bocatas, vemos unas pelis y nos acostamos.

Sábado, 27 de diciembre
Salimos de Barajas a las 12:30 en punto hacia las islas Azores con la compañía local SATA que en tres horas hace el vuelo directo Madrid-Terceira. El tiempo en Madrid es frío y está nublado por lo que esperamos ilusionados que en las Azores nos reciba el famoso "anticiclón". Cuando anuncian por megafonía del avión que vamos a aterrizar nos encontramos sobre un tupido manto de nubes amenazadoras y muy oscuras que tenemos que atravesar. Cuando logramos traspasarlas nos damos cuenta de que el tiempo aquí es aún peor que en España: cielo totalmente encapotado, nubarrones negros de tormenta y una niebla tan espesa que casi no se divisa el océano sobre el que sobrevolamos ya a muy baja altura. El aterrizaje fue todo un episodio espeluznante no apto para cardíacos: el avión dando tumbos y bamboleándose debido al fuerte viento que soplaba, y con una visibilidad más que reducida a causa de la niebla, da la impresión de precipitarse sobre el agua cuando en el último momento toca tierra bruscamente. Tras un breve lapso de tiempo, al ser conscientes de que no estábamos bajo el agua, el avión casi al completo comenzó a aplaudir con fuerza (hasta a mí, que no me gusta nada esa costumbre del aplauso, me daban ganas de hacerlo). Cuando se abren las puertas y salimos al exterior nos sorprende la buena temperatura y el viento húmedo huracanado, aunque no nos recibe el famoso anticiclón sino un cielo triste, gris y una espesa niebla.



Nos reparten en autobuses y nos trasladan a los hoteles; el nuestro, Angra Marina (Ver crítica en tripadvisor), una enorme construcción junto al puerto que se asemeja a un barco varado y que ha sido centro de una gran polémica debido al impacto paisajístico. 



Nos instalamos en la habitación 521 que tiene unas vistas fabulosas y salimos a dar una vuelta por la ciudad y capital de la isla, Angra do Heroísmo y por los alrededores.
Recorremos sus calles adoquinadas, iluminadas con luces navideñas y adornadas con los típicos árbolitos, y flanquedas de casas coloridas. Observamos que tiene muchas iglesias. Es una ciudad muy tranquila y muy, muy limpia. Coqueta y agradable, aunque con empinadas cuestas.
Hacemos una parada para tomar un tentempié en una plaza llamada Largo prior do Cato (donde se puede ver un kiosko de madera en cuyo centro crece un enorme árbol, se puede decir que el kiosko rodea el árbol) en la pastelería Central: un cafë con leche muy rico y unos pastelillos rellenos de crema y tostados al horno que nos recordaban a los de Belén, en Lisboa.
Angra es la capital de la isla Terceira que forma parte del archipiélago de las Azores perteneciente a Portugal. Su nombre hace referencia a que fue la tercera isla del archipiélago en ser descubierta, después de la Santa Maria y la de San Miguel.
Tiene aproximadamente 18 km de ancho por 29 km de largo, un perímetro de 90 km y una superficie de 396,75 km². El punto más alto se encuentra a 1.022 m en la sierra de Santa Bárbara, en la zona Oeste. Es también conocida como la isla Lila debido a la gran abundancia de hortensias que bordean sus carreteras.
A la isla se suele llegar por vía aérea, al Aeropuerto Internacional de Lajes, al noreste, que sirve tanto para fines civiles como militares e incluye el Comando Militar de las Azores así como una importante base de la Fuerza Aérea norteamericana allí localizada.
Angra do Heroísmo -donde nos hospedamos- es, además de capital, la ciudad más grande de la isla; declarada de interés público, está incluida en la lista de la UNESCO del Patrimonio Mundial desde 1983. La ciudad posee una de las mejores Bibliotecas Públicas y Archivos de Portugal y guarda algunas importantes colecciones de arte privadas. El ayuntamiento se sitúa en una majestuosa construcción del siglo XIX, un ejemplo importante del rico patrimonio arquitectónico de Angra. Otros monumentos importantes son la Sé Catedral de Angra, la iglesia de Misericórdia, el Convento de S. Francisco (Museo de Angra), el Palacio de Capitães Generais y la Fortaleza de S. João Batista.


Comienza a anochecer. La ciudad se transforma poco a poco y podemos ver ahora las calles en todo su esplendor con su decoración navideña mientras paseamos al son de los villancicos que se oyen por los altavoces  colocados en ellas. Nos acercamos a un mercadillo de Navidad que hemos visto anteriormente en la plaza del Ayuntamiento, pero continúa cerrado. Volvemos al hotel a cenar y nos retiramos temprano.

Domingo, 28 de diciembre
Nos levantamos pronto y con la esperanza de que haya llegado "el anticiclón", pero desde la terraza solo se ve un cielo encapotado, niebla y un mar gris que ruge de forma atronadora. Ya tenemos claro que "el anticiclón de las Azores", del que tanto hablan los del tiempo de la tele, es solo un mito.
Desayunamos temprano y a las 10 en punto recogemos nuestro coche, un Peugeot 208 nuevecito con el que pensamos recorrer toda la isla si el tiempo lo permite.
Nos ponemos en marcha rápidamente tomando la carretera que conduce a Praia da Victoria, es decir, nos dirigimos hacia el norte para conocer la zona este de la isla. Abandonamos la ciudad por una carretera que pasa al lado de la plaza de toros, una tradición esta muy arraigada en la zona; de hecho, son muy típicas las "tauradas" que es una suelta de reses bravas por las callesd e los pueblos; en muchos locales hay fotos antiguas de esta tradición.  Frente a ella se erige un enorme monumento que representa tres enormes toros negros metálicos entrelazados. Espeluznante.



Decidimos que subiremos por el interior y bajaremos por la carretera que bordea la costa. Conforme nos alejamos del mar y nos adentramos en tierra, por las estribaciones de la sierra, la niebla se hace más espesa hasta que llega un momento en que no vemos prácticamente nada por lo que debemos dar marcha atrás y continuar por una carretera más cercana a la de la costa. Dejamos para otra ocasión un mirador desde el que se divisa todo el valle que con sus cuadrados y rectángulos de diferentes tonos de verde parece una manta de patchwork. 
Atravesamos por la nueva ruta varios pueblecillo y nos llama la atención el gran número de una especie de capillitas muy coloridas y decoradas que vemos por todas partes y que luego descubrimos que son altares y que se llaman "Imperios", la mayoría consagrados al Espíritu Santo; cada pueblo tiene el suyo.
La isla es muy pequeña y no hay casi distancia entre un lugar y otro. En poco tiempo llegamos a San Sebastián, una localidad muy bonita en la que paramos para dar un paseo y tomar un café (a 0,75€)
Recorremos sus calles, visitamos el interior de la iglesia (en blanco y piedra como la mayoría de ellas) y subimos hasta una pequeña ermita que corona el pueblo. Por el camino nos cruzamos a algunos personas que nos saludan amablemente como si nos conocieran. La gente de Terceira es muy simpática, agradable y acogedora.





La verdad es que el tiempo no acompaña pues aunque no hace frío, el viento huracanado no cesa y es bastante molesto. Dejar la cámara sobre el trípode para tomar fotografías es bastante problemático y arriesgado.
De vuelta a a la carretera pasamos por algunas localidades donde vamos realizando pequeñas paradas, especialmente para fotografiar los Imperios, algunas de ellas con nombres curiosos como Fuente del Bastardo, cerca de San Sebastián, hasta llegar a Praia da Victoria que es la segunda ciudad más importante de la isla. Aparcamos en el centro, que es todo zona azul pero que hoy, al ser domingo, es gratis y dedicamos el resto de la mañana a pasear por esta encantadora villa, primero por la playa y después por sus calles y plazas. 




Comenzamos por la plaza principal en la que se levanta el ayuntamiento, un edificio señorial de piedra con doble escalinatas laterales y dos centrales a modo de tunel, muy elegante. Praia do Victoria tiene muchos otros edificios interesantes entre los que destaca la iglesia de la Misericordia, que destaca por su pintura color azul y blanco, y la Casa de las Tías, un elegante edificio , de una sola planta pero de larguísima fachada, en tono amarillos albero y blanco con un balcon de forja de hierro negro, muy elaborado, que se extiende a lo largo de todo el frente.








También aquí nos saludan sonrientes todas las personas que nos cruzamos. Desde el paseo marítimo divisamos en lo alto de un monte cercano una figura de un Cristo que debe de ser enorme, así que cogemos de nuevo el coche y ascendemos por una empinada carretera que bordea el mar hasta la estatua que se halla situada en un mirador cerca del Pico do Facho desde el que se divisa toda la ciudad. 



Las vistas son impresionantes ¡y el viento también! Hacemos unas fotos a riesgo de salir volando y continuamos por la misma carretera secundaria hasta Santa Rita cuyo imperio se encuentra junto a una iglesita muy coqueta; sacamos algunas fotos y tomamos de nuevo la carretera principal en dirección a Lajes (que no tiene nada especial salvo que es el lugar donde se encuentra el aeropuerto) 



Como ya es la hora de comer paramos en el único restaurante que encontramos y que está abierto, Ramo Grande. En principio, el local anuncia en la puerta menú completo por 6€, pero al final tomamos lo que todo el mundo: una especie de cocido con varias carnes, col, zanahoria, batata y patata, y sopa de pan y col, servida juntamente; y nos cuesta 13€ a cada uno (sin postre y con agua y cerveza). Supongo que nos ha visto cara de turistas que no volverán nunca más. ¡Pelillos a la mar!



Al terminar de comer, el viento ha arreciado, la niebla se está espesando y comienza a llover. Continuamos con el coche hasta Vila Nova y Agualva donde damos un pequeño paseo y entramos en la iglesia, en mitad de la misa cantada que se está celebrando...¡a las tres de la tarde!
Desde aquí y con el tiempo empeorando emprendemos el regreso hacia Praia da Victoria para tomar desde allí la carretera vieja de la costa hasta Angra. La ruta resulta ser muy pintoresca, serpenteando a unos metros del agua. El primer lugar donde paramos es Porto Martins una encantadora localidad donde toda la decoración navideña está fabricada con objetos reciclados (botellas de plástico en su mayoría, pero también neumáticos, corchos, latas...) muy original, ecológico y barato.



Muy cerca de Porto Martins llegamos a una zona recreativa y de esparcimiento llamada Largo dos Salguiros, con mesas y bancos junto al mar y en la que hay también zona de baño con una piscina natural. Aunque hoy, la verdad, daba incluso un poco de miedo estar ahí debido al fuerte temporal y la furia del viento que levantaba enormes olas.



Continuamos por esa carretera que en algunas zonas se convertía en camino hasta llegar a Porto Judeu que se veía algo más animado aunque no nos detuvimos porque comenzaba a atardecer y se estaba yendo la luz. Frente a esta localidad se alzan dos enormes islotes, las Islas de las Cabras, que gozan de especial protección por ser una zona de gran valor ecológico.
Llegamos a Angra al caer la tarde pero antes de dejar el coche en el hotel bajamos hasta la explanada del puerto, donde varios pescadores lanzaban sus cañas a pesar del mal tiempo y la poca luz, y contemplamos nuestro hotel desde esa perspectiva. Visto desde aquí se entiende la polémica que suscitó su construcción pues supone una radical ruptura con el entorno. Nos recordaba al Algarrobico de Almería tanto por la estructura,el diseño escalonado, como por la localización en un acantilado y el impacto paisajístico que supuso su construcción.
Terminamos el día dando un paseo por la ciudad a cuyo centro accedemos hoy por el paseo que transcurre junto al puerto, por la zona baja. 
Recorremos las mismas calles que ayer pero hoy descubrimos además el jardín municipal, Jardín Duque de Terceira, que es pequeño pero está cuidadísimo y tiene especies interesantes entre las que destacan los helechos enormes que más parecen árboles que arbustos. Todo el pavimento está adoquinado en blanco y negro, como el resto de la ciudad, y decorado con figuras de plantas y animales.





Después de la cena reservamos una excursión en barco para avistar cetáceos para el martes día 30, que al parecer hará buen tiempo, y nos retiramos a descansar.

Lunes, 29 de diciembre
Hoy también nos despertamos con la esperanza de ver el anticiclón, pero no solo no ha llegado sino que el tiempo ha empeorado: hoy, además de haber niebla y viento fortísimo, diluvia. Nuestra idea era recorrer toda la zona occidental de la isla por la carretera de la costa hasta el norte.
Después de desayunar no nos hemos amilanado por la lluvia y hemos comenzado la ruta haciendo algunas paradas a las afueras de Angra para tomar fotografías.
La primera localidad importante que visitamos es San Mateus un pequeño pueblo a las orillas del mar. Lo primero que se ve de él desde la carretera es la iglesia, en cuya puerta aparcamos. Nos dirigimos hacia el mar y nos encontramos un precioso puerto pesquero en el que se concentra un gran número de pequeñas barcas pintadas con vivos colores y de nombres todas ellas curiosos. Los barcos se encuentran, la gran mayoría, en tierra, sostenidos con soportes variopintos; no sabemos si no estaban amarrados en el puerto por el temporal, porque son demasiados para el tamaño del puerto o porque  necesitaban una puesta a punto. Recorremos la zona sorteando barcos y un paseo inferior con plantas y patos que recorre una parte del perímetro para acabar tomando un café en un bar cerca del puerto (0,50€). El café en Portugal es muy bueno, parecido al expreso italiano.




Continuamos por la carretera de la costa atravesando pueblos y con la niebla cada vez más densa y la lluvia cada vez más fuerte: San Bartolomé, Cinco Ribeiras, Santa Bárbara, pero no podemos ni salir del coche del turbión que cae. La carretera por muchas zonas se ha convertido en lagunas y se ha inundado, de forma que al llegar a Doze Ribeiras paramos frente a la iglesia para esperar a que escampe y poder continuar; pero la lluvia torrencial y el viento huracanado no cesan así que decidimos volver a Angra y dejar la excursión para otro día. 



Conforme nos dirigimos hacia el sur, la lluvia va menguando y la niebla se disipa. Al llegar a la ciudad ya no llueve. Aprovechamos el intervalo para subir al cerro do Brasil. Conforme ascendemos dejamos atrás un fuerte de piedra que sigue funcionando como cuartel militar. El cerro está coronado por una cruziña (una cruz de piedra) y cerca de esta se extiende una zona de recreo y un pequeño zoo (unas cuantas jaulas con aves especialmente y un recinto con gamos). Las vistas desde la cima son impresionantes. Damos una vuelta por el área, pero empieza a llover y volvemos al coche para bajar.







Decidimos parar a comer por el centro pero no hay sitio y además todo es de pago por lo que volvemos al hotel a dejar el peugeot y bajamos al centro andando. Nos decidimos por entrar en un local que hemos visto los días anteriores, A minha casa, un restaurante ubicado en la primera planta de una casa típica con una decoración moderna e informal y regentado por varios chicos muy jóvenes. Cuando llegamos no hay casi nadie pero pronto se va llenando hasta que todas las mesas están ocupadas. El menú consiste en una sopa de legumbres (aquí llaman sopa al puré), un sandwich grande de pan casero de queso y otro de salmón, una ensalada grande que llevaba mil cosas y que no nos pudimos terminar, y dos cafés por 18€. Bien. Y el servicio y la atención estupendos.





Después del descanso de la comida nos acercamos a la oficina de turismo que está en la puerta de al lado a pedir información de la ciudad. Con el consabido mapita salimos a la calle en dirección al Museo que, según nos indican, cierra a las 17:00, pero al llegar nos dicen que hoy es fiesta y solo abre por la mañana. Dejaremos la visita para el día 31. Fallido el plan del museo damos una vuelta por el Jardín del Duque de Terceira que tiene en la parte superior otra zona que no visitamos el día anterior. Desde aquí nos acercamos a la catedral de El Salvador que está abierta, y después hasta anochecer callejeamos un poco por el centro y por el paseo que discurre por el acantilado sobre la costa. 







Luego nos tomamos un té a la mandarina (0,65€) en el café O Internacional (inaugurado en los años 50), nos asomamos a algunas tiendas y volvemos al hotel a cenar. Mañana hay que madrugar pues a las 08:30 tenemos que estar en el puerto para la excursión en barco de avistamiento de cetáceos.

Martes, 30 de diciembre
Hoy parece que el tiempo es mejor. Ha amanecido un día precioso. 



Nos levantamos y desayunamos temprano para estar a las 8:30 en el puerto, pero al llegar nos dicen que el pronóstico no  es bueno y que se retrasa hasta mañana la excursión en barco. Según dicen, ayer dejaron un mensaje para nosotros en el hotel avisando del cambio, pero no nos lo dieron y nos hemos dado un madrugón para nada. Así pues, nos encontramos en la calle a las 9 de la mañana con todo cerrado y sin plan a la vista. Como parece que el tiempo no es malo, decidimos hacer la ruta que tuvimos que abandonar ayer y recorrer la zona occidental de la isla. Llegamos en muy poco tiempo a Doze Ribeiras y seguimos por Serreta haciendo paradas en los miradouros que vamos encontrando; nos acercamos al farol de la Punta do Queimado desde donde hay unas vistas preciosas de los acantilados y los verdes corrales en los prados que llegan casi hasta el mar. 


A continuación Raminho, Altares y Biscoitos. A estas alturas el cielo está cada vez más encapotado y la niebla más y más cerrada, especialmente en el interior de la isla donde, al parecer, siempre hay niebla. En Biscoitos se encuentra el museo del vino pero abre a las 13:30 por lo que decidimos adentrarnos en la sierra en dirección a las Fumas do Enxofre, una zona de fumarolas de azufre que salen de las profundidades de la tierra y que dejan clara constancia del carácter volcánico de la isla. La entrada es gratuita y no hay casi nadie porque el viento es horroroso (como siempre) y además llueve un poco. Unas pasarelas recorren varias colinas rodeando las fumarolas; algunas partes están llenas de barro debido a la lluvia. De hecho, en esta isla  llueve tanto y hay tanta humedad que hasta la carretera está verde del moho.


Cuando abandonamos la zona ya llueve bastante y decidimos volver a Biscoitos a comer para ir esta tarde a ver las cuevas que son la atracción más conocida de la isla y que solo abren hoy y el día 2 de enero de 14:30 a 17:00.
Como terminamos la comida temprano, nos acercamos a las 13:30 al Museo del Vino que parece cerrado; de repente llega una señora corriendo y nos explica que están haciendo obras  de mejora por haber tenido humedades (humedades!!!) y que solo podemos visitar la exposición exterior que comprende una zona con viñas y una exposición de diferentes objetos de piedra relacionados con la fabricación del vino. Resulta curiosa la manera en que plantan la viña, a ras del suelo, debido al fuerte y continuo viento pues de esta forma los muretes de piedra, que son el sello distintivo de la isla, los pueden proteger. A continuación, nos muestra la bodega y nos ofrece una copa de vino dulce muy rico.
Abandonamos Biscoitos en dirección a la Gruta do Natal. Al llegar sacamos una entrada combinada para visitar las dos cuevas y protegidos con unos cascos que nos ofrecen nos adentramos en las entrañas de la tierra por un tunel de lava volcánica solidificada.

La Gruta do Natal es una formación geológica bastante extensa, resultante de la creación de un tubo de lava en el interior de la isla. Se halla localizada en los limites de la Reserva Florestal Natural de la Sierra de Santa Bárbara y Misterios Negros, frente al bonito Lago de Negro. Está compuesta por lavas fluidas, hoy solidificadas, que corrieron en diferentes direcciones, formando varios túneles, ramificaciones y estafilites, comprendiendo el túnel de lava principal cerca de 697 metros de largo. Una de sus curiosidades es el hecho de que se localiza en gran parte por debajo de una laguna, la Lagoa do Negro (Laguna del Negro) donde hacemos unas fotos al salir pues se trata de un paisaje de cuento, especialmente hoy que está semioculto por la niebla. La pequeña laguna se encuentra justo en la entrada de la cueva, junto a un tupidísimo bosque de árboles altísimos.


En otros tiempos esta cueva fue llamada “Gruta do Cavalo” porque aqui se encontraron restos del esqueleto de un caballo que había caído por la abertura en la entrada de la Gruta; posteriormente pasó a ser conocida como Gruta de Natal porque aquí celebra la misa de Navidad  (Natal) desde 1969, año en que se abrió al público.



Al salir de la cueva el tiempo ha empeorado notablemente; la niebla impide ver más allá de unos metros, hace fresco, mucho viento y chispea. Tomamos el coche y en diez minutos llegamos a la segunda cueva, la Gruta de Algar do Carvão, ya que se hallan a poca distancia.
La palabra, Algar, es una palabra portuguesa que designa una cavidad natural en la tierra y que, a diferencia de la mayoría de las cuevas o cavernas, es vertical en su orientación, como un pozo. La palabra portuguesa deriva de la palabra árabe, al-Gar, que significa “el pliegue”. Carvão significa “carbón” en portugués, pero el Algar do Carvão no es una fuente de carbón, de modo que llamar a este accidente geológico “caverna del carbón” es más una alusión a la negrura de la roca en la que se formó.
Esta caverna volcánica fue creada durante una erupción hace unos 2.000 años y consta de numerosas grutas llenas de estalactitas y estalagmitas formadas por depósitos de ácido silícico, algo muy poco común en esta zona. La entrada al interior se realiza bajando por una larguísima escalera cuyos peldaños descienden rodeando la chimenea de un volcán extinto que conduce, a través de varias enormes galerías, hasta un lago subterráneo que se alimenta de agua de lluvia y que, dependiendo de la temporada, puede llegar a los 15 metros de profundidad.


Tanto esta cueva como la de Natal se visitan en una media hora cada una. Y, de nuevo, en el exterior el tiempo empeora: ahora diluvia, y desde la salida de la cueva hasta el coche, que está aparcado a unos metros, nos "ponemos como una sopa". Emprendemos el regreso a Angra a 30 kms. por hora ya que la niebla es demasiado espesa para poder ir más rápido, hace mucho viento y además llueve. En Agra el tiempo es mejor pero nos vamos al hotel a tomamos un té caliente en el bar. Está anocheciendo y no nos apetece mucho salir así que nos quedaremos en el hotel a ver un poco la tele y escribir el blog.

Miércoles, 31 de diciembre
Último día del año; esto se acaba. Y aquí sigue nublado, pero el mar está tranquilo por lo que hoy sí saldremos a navegar. A las 8:30 estábamos en las oficinas de Ocean Emotion, en el puerto y poco después subíamos al pequeño barco que elegimos (ofrecían la opción de barco o zodiac; nosotros elegimos el primero porque el cielo estaba amenazante y el barco tenía una carpa que cubría la mitad de los asientos) La excursión, que dura aproximadamente 3 horas, cuesta 50€ y es recomendable (aunque solo sea por el placer de navegar un poco en la inmensidad del Atlántico) y debe ser también interesante cuando se avisten ballenas porque nosotros en esta época ver, lo que se dice ver, no hemos visto muchos cetáceos; es cierto que las ballenas se divisan desde marzo a septiembre más o menos, pero nos dijeron que ahora se podían ver cachalotes, aunque realmente solo hemos visto unos cuantos delfines (que ni saltaban ni nada) y ni rastro del cachalote. 










Una recomendación importante para esta excursión es no olvidarse de tomar pastilla para el mareo porque de lo contrario el viaje puede transformarse en una pesadilla; de hecho, hoy, el 80% de los que iban en el barco se han pasado todo el trayecto blancos como la pared y vomitando.
De vuelta a la ciudad hemos tomado un café con pastelillos en una terraza pues aún no llovía y paseado un poco.





Decidimos aprovechar el resto de la mañana hasta la hora de la comida visitando el convento de San Gonzalo y el Museo de la ciudad (MAH), pero al llegar al primero resulta que de 12:00 a 14:00 permanece cerrado; nos dirigimos entonces al museo que está también "closed" a cal y canto, pese a que no es día de cierre, ni pone nada en la puerta y a que la chica de Turismo nos dijo que hoy "aquí trabajaban" cuando le preguntamos si hoy abriría el museo (y lo dijo encima con retintín), pero no, no estaba abierto. Los horarios que tienen en la isla son "alucinantes", no acabamos de entenderlos. Y para colmo tampoco apetecía pasear pues llovía con fuerza y no habíamos traído paraguas así que pensamos que lo mejor era entrar a algún restaurante a comer; elegimos O Patio, al lado de la pastelería Central donde tienen plato del día: sopa (puré, pero esta vez más ligero, muy sabroso y con pasta), carne con patatas fritas y café, por 13€ los dos. 
Tras la comida hacemos un segundo intento en el convento y lo hallamos cerrado de nuevo, pero hay un timbre en la puerta y decidimos llamar para preguntar si se puede visitar; la puerta se abre y entramos en un zaguán de piedra. Por 2€ que vale cada entrada ofrecen una visita por todo el recinto y regalan un folleto con muy buenas fotos de gran calidad sobre el sitio. La verdad es que el recorrido ha sido una visita privada porque solo íbamos nosotros dos y una monja que nos guiaba y explicaba lo que íbamos viendo (el convento fue de carmelitas hasta el siglo XIX pero ahora pertenece a las madres Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús). El complejo está constituido por una iglesia, claustro, dos alas de celdas y un colegio, además de patios. Hemos comenzado por la iglesia que es una joya con sus paredes cubiertas de azulejos portugueses y un coro con el techo primorosamente pintado muy interesante también. La zona de celdas está hoy transformada y cada habitación es un miniapartamento en el que viven junto con las "3" monjas que forman la congregación 36 mujeres sin familia. El convento fue reformado completamente hace unos años y la verdad es que parece un hotel por dentro. Al finalizar la visita damos una vuelta por la ciudad pero llueve bastante y nos metemos a tomar un té en el café O Internacional y nos volvemos al hotel. Cenamos en el restaurante: sopa de col con chorizo, arroz con pato y un postre típico de aquí. 



Y así termina el 2014 y nuestro penúltimo día en la isla...¡y sin haber visto el sol!

Jueves, 1 de enero, 2015
Primer día del nuevo año que esperamos nos traiga a todos SALUD, suerte y tranquilidad. 
En nuestra terraza encontramos restos de confeti y serpentinas de la fiesta de Nochevieja.



Dado que es el último día que pasaremos en la isla podemos constatar que el anticiclón de las Azores es una tomadura de pelo: en seis día solo hemos visto niebla, más niebla, mucha más niebla, viento y lluvia, y más lluvia. La verdad es que estas islas deben de ser preciosas y agradables en verano, pero en Navidad son un horror debido al tiempo. Ha sido imposible visitar el interior de la isla pues aunque hemos recorrido todas las carreteras no se podía ver absolutamente nada por la niebla y de los miradores que hay por todas las sierras solo hemos visto los letreros y las barandillas. La verdad es que, por barato que sea el viaje, creemos que es mejor elegir otro destino en esta época. Nosotros que hemos viajado por muchos lugares del mundo y en todas las épocas del año, curiosamente, nunca hemos tenido un viaje con tan mal tiempo como este en el que deberíamos haber disfrutado del famoso anticiclón.
Y hoy no ha sido diferente. Antes de salir del hotel nos sorprendió el pronóstico del tiempo para hoy: NIEBLA (¿cómo "niebla", si todos los días ha habido niebla?). Lo hemos entendido perfectamente a los pocos kilómetros de la ciudad cuando todo estaba cubierto por una espesísima bruma blanca (más que humo) que se movía a una velocidad considerable; no se veía a más de 10 metros, NADA. ¡La tensión, conduciendo en estas condiciones, creo que me ha producido una contractura! Únicamente había visibilidad en la franja que discurre junto al mar.



Hemos empezado la ruta subiendo a la Sierra de Cune, a través de Fontinhas donde hemos tomado café en uno de los escasísimos bares que hoy, uno de enero, está abierto. La zona de la sierra debe de ser bonita pero de ella no vimos nada más que bruma blanca. La hemos rodeado y pasado cerca de una laguna (Lago do Junco) que medio vislumbramos. Hemos continuado hacia el oeste con la idea de subir al pico de Santa Bárbara, en la sierra del mismo nombre, pero a los pocos kilómetros hemos tenido que dar la vuelta porque era temerario continuar entre la poca visibilidad, la lluvia, y el deterioro y encharcamiento del firme que era más bien una pista forestal.
Así las cosas, la única opción ha sido volver a Angra con la idea de ir a la Confitería Central, que también tiene comidas, a picar algo. Pero nos damos cuenta enseguida de que todo, absolutamente todo, está cerrado así que entramos en el único sitio abierto, Copacabana, frente a Correos, que está a rebosar de gente; la verdad es que el dueño ha tenido buen ojo y ha hecho el agosto hoy. Menú de Año Nuevo, una delicatesse: hamburguesa con patatas fritas, agua, cerveza y un pastelillo.
Y volvemos al hotel donde pasamos el resto de la tarde leyendo, escribiendo y viendo la tv. en la que, por cierto, acaban de decir que para el próximo año habrá una exposición de Modigliani en Madrid y otra de Jeff Koons en Bilbao. ¡A ver si pudiéramos ir a verlas!
Por lo pronto nos conformamos con la vista del Monte Brasil cubierto por la niebla desde la terraza de nuestra habitación. ¡Espectacular!

 
Viernes, 2 de enero
Nos levantamos y tras el desayuno preparamos el equipaje y salimos a dar un paseo por el centro.
A la hora en punto nos recogen en el hotel y nos trasladas al aeropuerto donde recibims la noticia de que el vuelo lleva dos horas de retraso.
Llegamos a Madrid con dos horas y media de retraso pero, aun así, cogemos el coche y emprendemos el regreso a Albacete donde llegamos bastante tarde pero tranquilos.
Ahora toca esperar las próximas vacaciones.

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