AMSTERDAM (Febrero, 2014)



Este año, el viaje de la Semana Blanca de “las chicas” nos ha llevado a Amsterdam. El tiempo ha acompañado y sorprendentemente ha sido muchísimo mejor que aquí en España. Solo nos llovió la última mañana un poco, una lluvia suave, durante el tiempo de la visita de algunos museos por lo que se podría decir que el clima ha sido fabuloso, soleado y la temperatura muy agradable.

Viernes, 28 de febrero
Salimos, como siempre, de la puerta del instituto a las 14:30. Una parte del grupo, las afortunadas jubiladas, ya se habían tomado un aperitivo antes; las curritas salimos justo a tiempo de coger el bus que nos esperaba en la puerta para trasladarnos a la T2 de Barajas desde donde salió el vuelo a la hora en punto. Durante el trayecto degustamos una fabulosa –y ya tradicional- empanada encargada por Carmen.
Al llegar al aeropuerto de Amsterdam, nos esparaba (cartelito en mano) el taxista de la empresa de shuttle privado que habíamos reservado  para los traslados desde el aeropuerto al hotel y que funciona estupendamente; se merece un sobresaliente en puntualidad, seriedad, amabilidad…¡y precio! Tienen servicio en la mayoría de los aeropuertos importantes y en algunos de bajo coste, y ya digo que merece mucho la pena. La web es http://taxi-traslados-aeropuerto.com/
En media hora entrábamos en el Iron Horse, nuestro hotel, en el que tuvimos algunos problemas con la reserva (dos de las cinco habitaciones no se correspondían con la categoría que habíamos reservado) que se solucionaron al día siguiente. Ver crítica en Tripadvisor http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g188590-d2651675-r197745341-Hotel_Iron_Horse-Amsterdam_North_Holland_Province.html

Sábado, 1 de marzo
Nos levantamos temprano para comenzar a  explorar la ciudad cuanto antes. Hoy habíamos planeado una ruta de contacto durante todo el día. Hay que decir que para elaborar el programa conté con las sugerencias de Yup, el novio holandés de una amiga cuyas indicaciones fueron verdaderamente muy acertadas.
El hotel se localizaba en el barrio de los museos, a un paso del Rijks Museum, o sea, genial. Comenzamos  dirigiéndonos hacia la Plaza del Teatro,Leidseplein, cruzando el canal, para admirar la fachada de este edificio, el Stadsschouwburg. Continuamos hacia el este hasta Spiegelgracht (Canal de Spiegel) para ver esta preciosa zona , uno de los rincones más encantadores de la ciudad  justo en la parte de atrás del Rijks. Nos dirigimos posteriormente hacia el centro paseando por Nieuwe Spiegelstraat hasta la Curva de Oro (Gouden Bocht) para llegar hasta Bloemenmarkt, el famosísimo Mercado de las Flores al borde del canal de Singel. 
Damos por allí una vuelta y compramos unos bulbos de tulipán –cómo no- y seguimos camino hacia el oeste por unas callecitas con tiendas preciosas: a través de Huidenstraaat y Runstraat llegamos al canal Prinsen donde visitamos el museo de la Casa-barco que es muy curioso (vale 3,70€, pero si se va engrupo de, al menos 10 personas, hay precio especial de 3€. Volvemos hacia el centro por otra de estas callecitas, Berenst. Wolvenstr. hasta Spui donde se encuentra el Beginjhof, un patio cerrado rodeado de casas del siglo XVII y XVIII que antaño se dedicaba a obras de caridad, en el que se encuentra la casa más antigua de Amsterdam, del 1477.
Como ya es hora de comer, entramos en un bar que se encuentra justo frente al embarcadero de Rokin.  Al salir, sin plan claro y algo cansadas, decidimos tomar el barco de paseo y recorremos los canales en él durante una hora. No está mal pero no hay opción en español y el barco va atestado de gente (y los cristales están bastante rallados) Hay otras opciones mucho mejores con otras empresas de cruceros por los canales que esta que resulta cara y cutre. Pero, al menos, hemos descansado y hasta se puede dormir un poco con el balanceo del barco.
Por la tarde nos acercamos a la plaza Dam, el centro neurálgico de la ciudad y damos una vuelta por la zona hasta que Nani tropieza en un bordillo, aterriza con sus huesos en el suelo y se acaba el paseo. Una copa en la plaza del teatro y nos dirigimos al hotel.
Volvemos no muy tarde y cenamos en un restaurante cercano.

Domingo, 2 de marzo

Hoy es el día reservado para los museos. Comenzamos por el famoso Rijksmuseum, reabierto en el 2013, tras más de una década de trabajos, y en el que sorprendentemente no había cola para entrar por lo que en un “pis-pas” estábamos en sus salas. El museo en sí no tiene gran variedad ni unos fondos excepcionales como El Prado, el Metropolitan, el Louvre, British, Hermitage, D´Orsey…, nada que ver con estos. Sus fondos son principalmente obra Rembrandt y Vermeer, y poco más; demasiado local y monótono para mi gusto , por lo que no es especialmente interesante aunque, por supuesto, hay que visitarlo, y, sobre todo, después de la colosal reforma que han llevado a cabo dos arquitectos españoles con un presupuesto global que ha alcanzado los 375 millones de euros (la obra arquitectónica ha costado 200 millones)
El majestuoso edificio – en mi opinión lo más impactante- creado en 1885 por Pierre Cuypers no estaba preparado para afrontar los retos de esta institución en el siglo XXI. Sus instalaciones habían quedado pequeñas y obsoletas y se hacía imprescindible mejorar los servicios para acoger a los dos millones de visitantes que se esperan cada año. Con el tiempo, el edificio de Cuypers ha ido perdiendo  su aspecto original: se fueron ocupando los patios originales, y con ello se eliminó la luz natural. Dos arquitectos sevillanos han sido los encargados del proyecto de reforma con el que se plantearon el reto de rescatar todo lo valioso del edificio original, eliminando intervenciones pasadas e incorporando las últimas tecnologías, pero preservando el espíritu del XIX.
 Tras no pocas polémicas y agrios enfrentamientos con los ciclistas que se negaban a que la entrada del museo se instalase en el Pasaje, una galería central con tres naves que ha sido siempre paso de bicicletas,  la solución pactada con todas las partes llegó en 2009 después de que los arquitectos ofrecieran hasta tres soluciones diferentes.
La intervención es bastante neutra. La superficie total del edificio es de casi 30.000 metros cuadrados (10.500 son para exposición). Los patios vuelven ahora a abrirse, creando un espectacular y hermoso atrio de 2.250 metros cuadrados. El museo cuenta con 80 salas de exposiciones, restaurante, café, tienda, auditorio y salas de reuniones.
Al terminar la visita nos dirigimos a un local en la plaza de los museos para tomar un café y reponer fuerzas para el siguiente reto: El Museo de Arte Contemporáneo o el Museo del Diamante. Aquí el grupo se dividió y cada cual se fue al que más le apetecía. El de Arte, es bastante interesante y el de diamantes… curioso.
Agotadas porque los museos cansan bastante, nos dirigimos al famoso barrio de Cuyp para comer. En esta zona se puede visitar, de lunes a sábado, uno de los mayores mercados de la ciudad, que hoy –obviamente- estaba cerrado. La zona es encantadora, un barrio moderno y acogedor, salpicado de pequeñas tiendas y locales encantadores para comer. Encontramos un lugar:  The Dutch Co. , en el que comimos a buen precio una comida estupenda (tartar steak, hamburger…). El personal era joven, atento y muy, muy agradable. El lugar es muy recomendable en la calle Frans Halsstraat 76. Su web:  http://www.thedutchco.nl
Terminado el suculento almuerzo continuamos la ruta por la ciudad en dirección centro hasta la plaza Dam. Subimos desde aquí por la avenida Damrak contemplando los grandes edificios que la bordean, entre los que se encuentra el de la antigua Bolsa, la obra más importante de Berlage, hoy transformada en un centro cultural.
Continuamos hasta la Central Station con idea de tomar un tranvía para dar una vuelta por la ciudad en este medio. En una guía habíamos leído sobre la existencia del tranvía 20 que recorría todo el centro y paraba en los edificios más emblemáticos de Amsterdam, pero resultó que el tal tranvía no existía. Además las taquillas y la oficina de turismo habían cerrado por lo que no pudimos llevar a cabo el plan. Como nos encontrábamos cerca del Barrio Rojo decidimos visitarlo. Las chicas ligeras de ropa se asomaban a los ventanales de sus pequeños garitos. Estaba atardeciendo y las luces rojas comenzaban a encenderse por todas las callejas del barrio más conocido de la capital holandesa.
Paseamos un rato por todas sus calles entre coffe shops, condomerie, y otros antros
Luego a la estaciön central. Íbamos a coger el tranvía 20 pero ya no existe. Vamos al barrio Rojo. Paseo, Copa en una cevecería, botellon senior. Camareras superamables y nos indican una pizzería Da Giorgio, en la calle  Wamoesstraat, 38.  Cenamos allí, genial. No caro y muy rica la comida. Su web: http://www.dagiorgio.nl/index.html
Luego llegamos andando a la estación central que est muy cerca y cogemos el tram 1, que nos deja casi en la puerta del hotel. 2,8€ nos cuesta el viaje ( valido para 1 hora) y se puede pagar en el tranvía. El sistema de los billetes es curioso pues hay que pasarlo (tipo tarjeta) por la máquina al entrar …¡pero también al salir! para que se abran las puertas.

Lunes, 3 de marzo
Hoy nos levantamos con una lluvia suave, que cesaría por la tarde para dejar paso a un sol resplandeciente. Decidimos que hay que visitar algún museo más aunque no estamos de acuerdo en cuáles; por ello cada cual se va a ver lo que le apetece: unas al Van Gogh; otras al del Diamante; y yo, al del gato.
Salimos del hotel en dirección a la plaza de los museos pero por la famosa Cornelisz Hooftstraat, la más pija de la ciudad donde se encuentran todas las grandes –y carísimas- marcas. ¡Menos mal que aún no han abierto y nos conformamos con mirar los escaparates!
Cada cual se va después a su museo y quedamos a medio día para comer todas juntas. 

El Museo del Gato o El Kattenkabinet (gabinete de los gatos) está situado en una maravillosa casa junto a los canales de Ámsterdam. El museo está dedicado íntegramente al papel de los gatos en el arte y la cultura a lo largo de la historia. Aquí pueden contemplarse pinturas, esculturas, carteles, y otros objetos relacionados con los gatos, naturalmente bajo la atenta mirada de sus habitantes felinos de carne y hueso (que alguno hay correteando por las salas). Esta colección dedicada a los felinos se fundó en memoria de un gato muy carismático, John Pierpont Morgan, el compañero de toda una vida del fundador del museo. Aunque no le apasionen especialmente los gatos, una visita las impresionantes estancias de esta mansión junto a los canales del siglo XVII, escenario de la película Ocean´s Twelve, es algo que no se puede perder.
El grupo que visitó el Museo de Van Gohg quedó muy satisfecho con la actividad. A la muerte de la esposa del pintor, Johanna, su hijo, el ingeniero Vincent Willem van Gogh, heredó la colección de su padre, que a disposición de varios museos en calidad de préstamo, hasta que en 1960 creó la Fundación Vincent Van Gogh, a la que la encomendó. Las pinturas se exhibieron en exposición permanente en el Stedelijk Museum, hasta que en 1973 el Museo van Gogh abrió sus puertas. Consta de dos edificios. La construcción original es obra del arquitecto holandés Gerrit Rietveld y fue inaugurado en 1973. El arquitecto del ala de exposiciones fue Kishō Kurokawa, siendo terminada en 1999 por Gojko.
El museo posee más de 200 pinturas de Vincent van Gogh, de todos sus periodos de creación, y unos 400 dibujos. Entre las obras principales expuestas se encuentran Los comedores de patatas, “La recámara de Arlés” y una versión de “Los girasoles”. Además, el museo tiene la custodia de la mayoría de las cartas del artista.

Una vez reunidas de nuevo en Heineken Experience nos dirigimos hacia el norte por Vijzelgratch, girando hacia la derecha  por Herengratch hasta Regukiersgratch desde donde se puede contemplar la famosa vista de los 7 puentes. A continuación subimos hasta la plaza Rembrand y visitamos el Teatro Tuschinski para acabar la ruta comiendo en un restaurante muy popular y con el estilo de los países del norte de Europa (tipo IKEA, todo con madera lisa y muy clara), De Jaren, muy grande y espacioso en el interior. La comida, bien.
Dedicamos la última tarde a pasear por la zona norte, el mercado de  por mercado Waterlooplein, que estaba cerrando y además lo que quedaba era bastante “cutre”. Mientras  tomábamos café en un local enorme que nos cogía de camino, cerca del mercado, dejó de llover y salió el sol, por lo que el resto del paseo aun fue más agradable. Pasamos por la plaza Niewmark que está rodeada de antiguas y preciosas fachadas. En el centro de la plaza hay un pequeño castillo. Y llegamos a la Estación Central atravesando la concurrida y animada calle Zeedijk (o sea, el Barrio Chino) en la que se puede admirar el Templo He Hwa, una enorme pagoda que fue el primer templo budista chino de Europa (inaugurado en el 2000). La zona es muy agradable con algunos rincones espectaculares.
Una vez en  la estación decidimos que sería buena idea cruzar a la zona norte en ferry (gratuito) y eso hicimos. Desde la estación parten 4 líneas de transbordadores que llevan hasta las islas que se encuentran al norte de la ciudad, atravesando la bahía. Tomamos el que salía primero y nos llevó hasta el EYE, el museo del cine, un modernísimo edificio de sorprendente arquitectura. El nuevo Instituto de Cine holandés  se encuentra en la orilla norte del  IJ, justo enfrente de la Estación Central de Ámsterdam. El diseño del impresionante complejo corrió a cargo de la empresa vienesa Delugan Meissl Associated Architects, y alberga cuatro pantallas, 640 asientos y 1.200 metros cuadrados de espacio para exposiciones. Luego tomamos otro ferry de vuelta y un tercero que nos llevó a otra zona bastante aburrida por lo que decidimos volver a la ciudad. El paseo corto pero bien.
Y de vuelta, bajamos por Damrak hasta la plaza Dam, y de ahí a Spui (para hacer el botellón senior en café Luxemburgo, un lugar bastante agradable) . Llegóa la hora de nuestra última cena y nos arriesgamos a un sitio llamado Captain Zeppo´s, recomendado en la guía (en Gebed Zonder End, 5), un lugar escondido en un pequeño callejon pero muy bien indicado. Acertamos. Cenamos un pescado, sopa, berenjena y chuletas de cerdo, todo muy muy muy rico aunque el servicio muy muy muy lento. No es barato (de 21 a 25€ plato) pero el lugar es muy agradable y la comida fabulosa.
Volvimos al hotel dando un paseo para así decir adiós a esta ciudad que, iluminada por la noche, parecía de cuento de hadas.

Martes, 4 de marzo
Desayunamos y tras dejar el equipaje preparado salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel en espera de que vinieran a recogernos los taxis reservados.
A las 10 en punto nuestro chófer nos esperaba en la puerta y tras un breve recorrido nos dejaba en el aeropuerto de Schiphol. El vuelo salió sin retraso y el viaje fue rápido. En unas horas cada cual estaba de nuevo en casa.

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